González, Ángel

Ángel González fue un poeta español de la Generación del 50, que se caracterizó por el uso de la ironía y el escepticismo para criticar la sociedad de posguerra, pero que, así mismo, compartía con ellos ciertas características, como: recuperación del aspecto estético del lenguaje, reflexiones metafísicas y existenciales, interés por la lírica intimista o el hecho de tener como referente a Antonio Machado. Ángel González nació en Oviedo en 1925 y sufrió las consecuencias de la Guerra Civil Española, que le marcó profundamente. Estudió magisterio, derecho y periodismo, y trabajó como funcionario y como profesor de literatura española contemporánea en Estados Unidos. Publicó su primer libro de poemas, Áspero mundo, en 1956, y recibió varios premios literarios, entre ellos el Príncipe de Asturias de las Letras en 1985 y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1996. Fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1997. Los temas más importantes sobre los que gira la poesía de Ángel González son:  el amor, la guerra, la naturaleza y la vida. Murió en Madrid en 2008.

Hernández, Miguel

Miguel Hernández: el poeta del pueblo y de la guerra

Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, 30 de octubre de 1910 – Alicante, 28 de marzo de 1942) fue un poeta y dramaturgo español que se destacó por la profundidad y la autenticidad de sus versos, reflejo de su compromiso social y político. Considerado como un «genial epígono» de la generación del 27, Miguel Hernández también se vinculó a la Escuela de Vallecas, un movimiento artístico que buscaba expresar la realidad del pueblo y de la naturaleza.

De familia humilde, Miguel Hernández tuvo que abandonar muy pronto la escuela para ponerse a trabajar como pastor de cabras. Sin embargo, desarrolló su capacidad para la poesía gracias a ser un gran lector de poesía clásica española, especialmente de Garcilaso, Góngora, Quevedo y San Juan de la Cruz. En su pueblo natal, Orihuela, formó parte de una tertulia literaria donde conoció a Ramón Sijé, con quien estableció una gran amistad que le inspiraría uno de sus poemas más famosos: Elegía a Ramón Sijé.

En la década de 1930 viajó a Madrid y colaboró en distintas publicaciones literarias, estableciendo relación con los poetas de la época, como Vicente Aleixandre, Pablo Neruda o Federico García Lorca. A su vuelta a Orihuela redactó Perito en lunas (1933), su primer libro de poemas, donde se refleja la influencia de los autores que leyó en su infancia y los que conoció en su viaje a Madrid. Ya establecido en Madrid, trabajó como redactor en el diccionario taurino El Cossío y en las Misiones pedagógicas de Alejandro Casona. Escribió en estos años los poemarios El silbo vulnerado (1934), Imagen de tu huella (1934) y el más conocido: El rayo que no cesa (1936), donde muestra su pasión amorosa por Josefina Manresa, con quien se casaría en 1937.

La Guerra Civil española marcó un punto de inflexión en la vida y la obra de Miguel Hernández. Se alistó en el bando republicano y participó activamente en el frente y en la retaguardia. Durante la guerra compuso Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1938), dos libros de poesía que se conocieron como «poesía de guerra», donde expresa su solidaridad con el pueblo y su denuncia contra el fascismo. También viajó a la Unión Soviética como delegado del II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura.

Al terminar la guerra intentó salir del país, pero fue detenido en la frontera con Portugal. Condenado a pena de muerte, se le conmutó por la de treinta años, pero no llegó a cumplirla porque murió de tuberculosis el 28 de marzo de 1942 en la prisión de Alicante. Durante su cautiverio escribió Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941), una obra desgarradora donde expresa su dolor por la pérdida de su primer hijo, Manuel Ramón, y por la separación de su esposa y su segundo hijo, Manuel Miguel.

Miguel Hernández fue un poeta que supo plasmar con maestría y sensibilidad las vivencias del pueblo, el amor, la guerra y la muerte. Su poesía es un testimonio valioso y emotivo de una época convulsa y trágica de la historia española. Su voz no se apagó con su muerte, sino que se ha mantenido viva y vigente a través del tiempo, gracias al reconocimiento y al homenaje de otros poetas, músicos y artistas que han difundido su obra.

Los temas principales de la poesía de Miguel Hernández son:

  • La pena: es el sufrimiento existencial, la convicción de su destino trágico. Se vincula a otros temas como el amor, la ausencia y la muerte.
  • El amor: ligado a la pasión y al erotismo. Se relaciona, por una parte, con el dolor ante el sino adverso, y, por otra, con la culminación de la unión conyugal y la maternidad.
  • El odio: la acechanza entre los hombres, surgida de la tragedia marcada por las guerras, de la crueldad del ser humano convertido en fiera. Ante esto, el poeta opone amor, solidaridad y esperanza.
  • La naturaleza: en sus inicios era el tema principal como se ve reflejado en Perito en lunas. Después pasó a ser el motivo poético que le permite expresar su compromiso social con los trabajadores como podemos observar en Viento del pueblo. Por último y como se refleja en Cancionero y romancero de ausencias la naturaleza es el encuentro de los hombres ante la adversidad.
  • La vida y la muerte: el mundo poético de Hernández se define, como él mismo dijo, como el del amor y la muerte, junto a la vida. Vida y muerte se aúnan en dos sentidos: el existencialista (el hombre es un ser nacido para morir) y la muerte como semilla (es el concepto de la eternidad). Así, tras el canto entusiasta a la vida de sus comienzos, vemos cómo la vida y la muerte se abrazan en los poemas últimos del Cancionero.
Fuentes:
Dámaso Alonso: «Miguel Hernández: genial epígono», Revista Hispánica Moderna (1949).
A. Sánchez Vidal: «Miguel Hernández: Escuela Poética Vallecas», Revista Anthropos (1985).
Mis Apuntes: Miguel Hernández: temas de su poesía.
Mitos y símbolos en la poesía de Miguel Hernández.