Martínez Morán, Francisco José

Nacido en el corazón de Madrid en 1981, Francisco José Martínez Morán no es solo un poeta y académico, sino un explorador de las emociones humanas. Con un doctorado en Literatura Comparada por la prestigiosa Universidad de Alcalá de Henares, su pluma ha dado vida a una serie de poemarios que han resonado en el mundo literario.

Entre sus obras más destacadas se encuentran “Variadas posiciones del amante” (2006), una obra que le valió el reconocimiento del Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande, y “Tras la puerta tapiada” (2009), que fue galardonada con el XXIV Premio de Poesía Hiperión. No menos impresionantes son sus trabajos “Obligación” (Polibea, 2013) y “Tacha” (Renacimiento, 2018).

Pero la poesía no es su único campo de juego. Martínez Morán también ha incursionado en la prosa, publicando una colección de relatos cautivadores titulada “Peligro de vida” (El Gaviero, 2010), así como una novela, “Amistades comunes” (Baile del Sol, 2018).

Lo que realmente distingue a Martínez Morán es su estilo único y personal. Sus obras son un viaje a través de las emociones, sensaciones y vivencias humanas, presentadas con una belleza interior límpida y una capacidad para iluminar y representar de manera nueva, sutil e inesperada las emociones y vivencias humanas. Cada palabra, cada frase, es un reflejo de su habilidad para capturar la esencia de la experiencia humana de una manera que pocos pueden igualar.

Alfonsina Storni, vestida de mar.

El 23 de octubre de 1938, el diario bonaerense La Nación recibió un poema de Alfonsina Storni titulado Voy a dormir, que decía así:

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme puestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste,
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes,
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides. Gracias... Ah, un encargo,
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...

Dos días después, en la mañana del 25 de octubre, Alfonsina se suicidaba en la playa de La Perla, de Mar del Plata. Tenía 46 años y estaba enferma de cáncer de mama, dejaba un hijo de 27 años y una interesante obra poética y dramática. Este poema fue su despedida…

En realidad, esta fue una muerte anunciada… Ya hacia mediados de 1935 aparecieron editados sus libros Mascarilla y trébol y una Antología poética, donde aparecían sus poemas preferidos, como una recopilación final, definitiva. Curiosamente, envió Mascarilla y trébol a un certamen poético y preguntó al Director de la Comisión General de Cultura “¿Y si uno muere, a quién le pagan el premio?” Otro hecho bastante indicativo fue cuando, en esos últimos días, quiso ir a la casa de su amiga Fifí, en Real de San Carlos, pero aquella se excusó porque tenía invitados, a lo que Alfonsina respondió: “Tenés miedo de que muera en tu casa.” Días después se encontró con la poetisa Abella Caprile a quien le confesó que su neurastenia le estaba dando verdaderos problemas y que sólo pensaba en suicidarse. El 18 de octubre viajo hasta el Mar del Plata, desde allí le escribió dos cartas a su hijo Alejandro que le hicieron a éste levantar sospechas sobre sus intenciones, en las cuales le decía que los dolores en el brazo eran insoportables… El día 20 de octubre, jueves, lo pasó escribiendo, a pesar de su malestar, al sábado siguiente, 22 de octubre, envió los correos… y el martes por la mañana, unos obreros de la Dirección de Puertos encontraron su cuerpo flotando en el agua de la playa… y un zapato olvidado sobre los hierros de la escollera.

Mucho se ha escrito sobre los dos últimos versos de su último poema:

si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...

Pero ellos han sabido guardar el secreto que encerraban y, a pesar de todas las suposiciones, sólo ella podría desvelar su significado. Esa es la magia del poeta: llevarse a la tumba algo que todo quisieran desvelar… Las palabras de un poeta son puro misterio para el resto de los humanos…

Alfonsina Storni Martignoni nació en Sala Capriasca, una localidad de los cantones de habla italiana de Suiza, un día todavía no determinado entre el 22 y el 29 de mayo de 1892. Cuatro años después, su familia emigró a Argentina para no volver jamás a Europa. Su padre, Alfonso Storni, era un hombre melancólico, extraño y bebedor, como ella dejó reflejado en su poema A mi padre:

Que por días enteros, vagabundo y huraño
no volvía a la casa, y como un ermitaño
se alimentaba de aves, dormía sobre el suelo
y sólo cuando el Zonda, grandes masas ardientes
de arena y de insectos levanta en los calientes
desiertos sanjuaninos, cantaba bajo el cielo.

Este hombre se estableció en Rosario como regente de un bar donde Alfonsina trabajó de camarera durante su adolescencia.

Sin embargo, la imagen que tiene de su madre era muy diferente, pues la veía desde una perspectiva melancólica, llena de tristeza y resignación femenina:

No las grandes verdades yo te pregunto, que
no las contestarías; solamente investigo
si, cuando me gestaste, fue la luna testigo,
por los oscuros patios en flor, paseándose.

Y si, cuando en tu seno de fervores latinos
yo escuchando dormía, un ronco mar sonoro
te adormeció las noches, y miraste, en el oro
del crepúsculo, hundirse los pájaros marinos.

Porque mi alma es toda fantástica, viajera,
y la envuelve una nube de locura ligera
cuando la luna nueva sube al cielo azulino.

Y gusta, si el mar abre sus fuertes pebeteros.
Arrullada en un claro cantar de marineros
mirar las grandes aves que pasan sin destino.

Su madre, Pulina Martignoni, tuvo que abrir una academia de clases particulares en Rosario para mantener a la familia a causa del alcoholismo del padre y del fracaso del restaurante que éste puso en marcha. Alfonsina no tuvo más remedio que encargarse de sus hermanos pequeños y ayudar a la economía familiar lavando platos y trabajando de costurera. En otro fragmento de un poema dice de su madre:

Dicen que silenciosas las mujeres han sido
de mi casa materna… Ah, bien pudieran ser
a veces, en mi madre apuntaron antojos
de liberarse, pero se le subió a los ojos
una honda amargura, y en la sombra lloró.

Posiblemente de esta época germinara en ella esa rebeldía feminista y ese afán de independencia que le acompañó hasta sus últimos días. Pero es que Alfonsina nació así, rebelde, inconformista, traviesa… Ya desde pequeña tenía problemas por ser bastante mentirosa y se inventaba sucesos que la metían a ella y a su familia en problemas, como incendios, robos o asesinatos imaginados. Hasta una vez invitó a sus compañeras a unas vacaciones en una finca que no existía…

Pero Alfonsina fue creciendo y madurando y su afán de libertad fue haciéndose más grande con ella. Se independizó de la familia y realizó diversos trabajos para mantenerse: fabricante de gorras, repartidora de volantes y, finalmente, actriz en un grupo de teatro, volviendo al final de esta aventura junto a su madre, quien había contraído matrimonio por segunda vez. Posteriormente viajo a Corondas, una ciudad de la provincia de Santa Fe, donde acabó sus estudios como maestra rural, pagándose la estancia con su trabajo de celadora del centro, tenía entonces 17 años… Y en 1911 se trasladó a Buenos Aires, donde tuvo su hijo, de padre desconocido, y donde comenzó su carrera como escritora. Pero el camino no fue fácil y primero tuvo que trabajar como secretaria de publicidad en una empresa importadora de aceite de oliva, donde ella se sentía verdaderamente desdichada:

«[...] estoy encerrada en una oficina; me acuna una canción de teclas; las mamparas de madera se levantan como diques más allá de mi cabeza; barras de hielo refrigeran el aire a mis espaldas; el sol pasa por el techo, pero no puedo verlo; bocanadas de asfalto caliente entran por los vanos y la campanilla del tranvía llama distante. Clavada en mi sillón, al lado de un horrible aparato para imprimir discos, dictando órdenes y correspondencia a la mecanógrafa, escribo mi primer libro de versos, un pésimo libro de versos. ¡Dios te libre, amigo mío, de La inquietud del rosal! Pero lo escribí para no morir».

Cuando publica su primer libro, La inquietud del rosal, tenía 24 años y fue ésta una colección de poemas en los que dejaba entrever su condición de mujer joven repleta de deseos y la situación que vivía como madre soltera, aunque jamás tuvo ningún complejo por ello. Este primer libro tuvo muy poco éxito pues la crítica lo acusó de inmoral, costándole incluso el puesto de trabajo, sin embargo, le sirvió para entrar en los círculos literarios y conocer a poetas tan importantes como el nicaragüense Rubén Darío y al uruguayo José Enrique Rodó, comenzando a colaborar en la revista literaria Caras y Caretas.  En 1918 publicó su poemario Dulce daño, del cual podemos leer el poema Nocturno:

Es muy dulce el silencio de esta hora;
hay algo en el jardín que tiembla y llora.
Oh, ven, que entre tus manos haré almohada,
para apoyar mi testa desolada.

Te esperaré en nuestro banco
y por gustarte vestiré de blanco.
No esperes, al llegar, que yo me mueva
de la glorieta que nos finge cueva.

Me lo suele impedir el corazón
que a tus pasos se pone en desazón.
Mi corazón está tan castigado
que como un vaso morirá trizado.

Si algún día entre tus brazos se me aquieta,
tú, que tienes instinto de poeta,
Ponme sobre las sienes muchas rosas
con tus mano delgadas y nerviosas.

Las sentiré caer como un suspiro
desde el silencio azul de mi retiro.
¿No sabes que la muerte es la dulzura
jamás gustada en nuestra vida impura?

¡Oh, si fuera el allá silencio eterno
ni sol de enero, ni quietud de invierno!
Estoy cansada de escuchar sonidos;
me molestan y me ofenden tantos ruidos..

El cerebro me pesa como un cuervo
clavado adentro por destino acerbo.
y tengo tal deseo de dormir...
Oh, qué hermoso, qué hermoso no sentir.

¡Oh, dejarse llevar sin voluntad
como una estrella por la inmensidad!
No saber de uno mismo; ser el ave;
llevar las alas sin buscar la clave.

No esperes que se aquiete el corazón;
mátalo tú en un rapto de pasión.
Esta noche, mi bien, y no mañana.
¡Es tan dulce esta hora vesperiana!

Aquí, entre flores pálidas y mustias
que se mueren también por mis angustias.
No tardes esta noche, amado mío...
el cielo se ha nublado; tengo frío...

No tardes esta noche que estoy sola . .
y tiemblo... tiemblo... soy una corola.
Esto es amor, esto es amor:
yo siento en todo átomo vivo un pensamiento.

y soy una y soy mil;
todas las vidas ¡pasan por mí;
me muerden sus heridas.
y no puedo ya más;

en cada gota de mi sangre
hay un grito y una nota.
y me doblo, me doblo bajo el peso
de un beso enorme, de un enorme beso.

En esta época, Alfonsina se introdujo en los mundillos socialistas y colaboró activamente  en la ayuda de los niños europeos de los países invadidos por Alemania en la Primera Guerra Mundial, lo que le supuso el reconocimiento de la embajada Belga en Argentina. En 1920 ganó su primer premio literario con Languidez, lo que le llevó hasta Montevideo donde escribió el poema Un cementerio que mira al mar:

Decid, oh muertos, ¿quién os puso un día
así acostados junto al mar sonoro?
¿Comprendía quien fuera que los muertos
se hastían ya del canto de las aves
y nos han puesto muy cerca de las olas
porque sintáis del mar azul, el ronco
bramido que apavora?

Os estáis junto al mar que no se calla
muy quietecitos, con el muerto oído
oyendo cómo crece la marea, y aquel
mar que se mueve a nuestro lado, es la
promesa no cumplida, de una Resurrección.

El viento, en primavera, suavemente,
desde la barca que allá lejos pasa,
os trae risas de mujeres ... Tibio
un beso viene con la risa, filtra
la piedra fría, y se acurruca, sabio, 
en vuestra boca y os consuela un poco.
Pero en noches tremendas, cuando aúlla
el viento sobre el mar y allá a lo lejos
los hombres vivos que navegan tiemblan 
sobre los cascos débiles, y el cielo
se vuelca sobre el mar en aluviones,
vosotros, los eternos contenidos,
no podéis más, y con esfuerzo enorme
levantáis las cabezas de la tierra.

Y en un lenguaje que ninguno entiende
gritáis: Venid, olas del mar, rodando,
venid de golpe y envolvednos como
nos envolvieron, de pasión movidos,
brazos amantes. Estrujadnos, olas,
movednos de este lecho donde estamos
horizontales, viendo cómo pasan los
mundos por el cielo, noche a noche.
Entrad por nuestros ojos consumidos,
buscad la lengua, la que habló, y movedla,
¡echadnos fuera del sepulcro a golpes!

Y acaso el mar escuche, innumerable,
vuestro llamado, monte por la playa,
¡y os cubra al fin terriblemente hinchado!
Entonces, como obreros que comprenden,
se detendrán las olas y leyendo
las lápidas inscriptas, poco a poco
las moverán a suaves golpes, hasta
que las desplacen, lentas, y os liberten.
¡Oh, qué hondo grito el que daréis, qué
enorme grito de muerto, cuando el mar nos
coja entre sus brazos, y os arroje al seno
del grande abismo que se mueve siempre!

Brazos cansados de guardar la misma
horizontal postura; tibias largas,
calaveras sonrientes: elegantes
fémures corvos, confundidos todos,
danzarán bajo el rayo de la luna
la milagrosa danza de las aguas.
Y algunas desprendidas cabelleras.
Rubias acaso, como el sol que baje
curioso a veros, islas delicadas
formarán sobre el mar y acaso atraigan
a los pequeños pájaros viajeros.

Por aquella época comenzó su relación con el escritor Horacio Quiroga, no muy bien vista por la madre de éste dada la reputación que tenía Alfonsina, pero que duró hasta 1927, cuando él conoció a la que sería su segunda esposa, María Elena Bravo. No se sabe a ciencia cierta cuál fue el grado de esta relación, pero la poetisa le dedicó un sentido poema tras el suicidio de éste donde se presagia su propia muerte:

Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
y así como en tus cuentos, no está mal;
un rayo a tiempo y se acabó la feria...
Allá dirán.
Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte
que a las espaldas va.
Bebiste bien, que luego sonreías...
Allá dirán.

En 1927 estrena su primera obra de teatro, El amo del mundo, que fue un rotundo fracaso y no aguantó más de tres días en cartel. En los años treinta realiza dos viajes a Europa con su amiga Blanca de la Vega, intentando olvidarse de sus problemas mentales. Al regreso del último de sus viajes se descubre un tumor en el pecho, del cual le operan con éxito y es curada parcialmente, pero a partir de ese momento su ya débil equilibrio psicológico se deterioró más y vivió sus últimos años atemorizada por la idea de la muerte. Se retrae y apenas sale a la calle, hasta el día de su triste final.

Alfonsina es una voz que defiende la libertad artística e individual, sobre todo de la mujer. Activista contra lo supremo masculino, busca el amor y lo vive plenamente, pero reivindicando su feminidad y luchando por la igualdad entre sexos, como en el poema Tú me quieres alba, donde ataca la hipocresía de la virginidad femenina y no la masculina:

Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada
ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua;
habla con los pájaros
y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

Poema este que ha bebido en las fuentes inspiradoras de Sor Juana Inés de la Cruz con su Hombres necios. Este mismo tema podemos encontrar en Hombre pequeñito:

Hombre pequeñito, hombre pequeñito,
suelta a tu canario que quiere volar.
Yo soy tu canario, hombre pequeñito,
déjame saltar.
Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,
hombre pequeñito que jaula me das.
Digo pequeñito porque no me entiendes
ni me entenderás.
Tampoco te entiendo, pero mientras tanto
ábreme la jaula, que quiero escapar;
hombre pequeñito, te amé media hora,
no me pidas más.

Sus versos están carentes de ironía, son una queja, a veces angustiada, sin esperanza, como el que lucha contra algo imposible. Un ejemplo más lo tenemos en La que comprende:

Con la cabeza negra caída hacia adelante
está la mujer bella, la de mediana edad,
postrada de rodillas, y un Cristo agonizante
desde su duro leño la mira con piedad.

En los ojos la carga de una enorme tristeza,
en el seno la carga del hijo por nacer,
al pie del blanco Cristo que está sangrando reza:
-¡Señor, el hijo mío que no nazca mujer!

Su feminismo no es radical puesto que no rechaza al hombre sino que lo quiere como su complemento, como un igual, como el compañero al que amar y con el que compartir. Lo vemos muy claro en Veinte siglos:

Para decirte, amor, que te deseo,
sin los rubores falsos del instinto,
estuve atada como un Prometeo,
pero una tarde me salí del cinto.

Son veinte siglos que movió mi mano
para poder decirte sin rubores.
“Que la luz edifique mis amores”.
Son veinte siglos los que alzó mi mano!

Pasan las flechas sobre mis cabellos,
pasan las flechas, aguzados dardos...
son veinte siglos de terribles fardos!
Sentí su peso al libertarme de ellos.

Y no creas que tenga el brazo fuerte,
mi brazo tiembla debilucho y magro,
pero he llegado entera hasta el milagro:
estoy acompañada por la muerte.

Podríamos dividir su poesía en dos épocas, la primera, romántica, donde los temas van del amor carnal al espiritual, en la que aparece la dimensión erótica y sensual, pero con una gran carga de insatisfacción y reproche contra la imagen del varón, como hemos visto, y que culmina con el libro Poemas de amor que, curiosamente, está escrito en prosa y consiste en una serie de relatos en primera persona y con bastante rasgos autobiográficos, y donde se muestra al amor como algo inalcanzable, efímero y fugaz. De él ella misma dijo: «son frases de estado de amor escritos en pocos días ya hace algún tiempo» y consideraba esta obra «una lágrima de las tantas lágrimas de los ojos humanos».

La segunda etapa comenzaría con Mundo de siete pozos y allí la poetisa muestra un amor más abstracto y reflexivo, apareciendo incluso la ironía. Su estilo es más depurado, utilizando el verso libre y el soneto sin rima, y su contenido es más hermético, lleno de simbolismos y partes oscuras.

Se balancea,
arriba, sobre el cuello,
el mundo de las siete puertas:
la humana cabeza...

Redonda, como dos planetas:
arde en su centro
el núcleo primero.
Ósea la corteza;
sobre ella el limo dérmico
sembrado
del bosque espeso de la cabellera.

Desde el núcleo
en mareas
absolutas y azules,
asciende el agua de la mirada
y abre las suaves puertas
de los ojos como mares en la tierra.

... tan quietas
esas mansas aguas de Dios
que sobre ellas
mariposas e insectos de oro
se balancean.

Y las otras dos puertas:
las antenas acurrucadas
en las catacumbas que inician las orejas;
pozos de sonidos,
caracoles de nácar donde resuena
la palabra expresada
y la no expresa:
tubos colocados a derecha e izquierda
para que el mar no calle nunca.
y el ala mecánica de los mundos
rumorosa sea.
Y la montaña alzada
sobre la línea ecuatorial de la cabeza:
la nariz de batientes de cera
por donde comienza
a callarse el color de vida;
las dos puertas
por donde adelanta
-flores, ramas y frutas-
la serpentina olorosa de la primavera.

Y el cráter de la boca
de bordes ardidos
y paredes calcinadas y resecas;
el cráter que arroja
el azufre de las palabras violentas,
el humo denso que viene
del corazón y su tormenta;
la puerta
en corales labrada suntuosos
por donde engulle, la bestia,
y el ángel canta y sonríe
y el volcán humano desconcierta.

Se balancea,
arriba,
sobre el cuello,
el mundo de los siete pozos:
la humana cabeza.

Y se abren praderas rosadas
en sus valles de seda:
las mejillas musgosas,

Y riela
sobre la comba de la frente,
desierto blanco,
la luz lejana de una muerta...

Aparece el miedo en sus escritos, desde un estado de vejez espiritual incipiente, y asoma el tema de la muerte, como ocurre en Versos otoñales:

Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas,
he sentido el otoño; sus achaques de viejo
me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas.

!Que curioso destino! Me ha golpeado a las
puertas en plena primavera para brindarme nieve
y mis manos se hielan bajo la presión leve
de cien rosas azules sobre sus dedos muertas.

Ya me siento invadida totalmente de hielo;
castañean mis dientes mientras el sol, afuera,
pone manchas de oro, tal como en primavera,
y ríe en la ensondada profundidad del cielo.

Y lloro lentamente, con un dolor maldito,
con un dolor que pesa sobre mis fibras todas,
!Oh, la pálida muerte que me ofrece sus bodas
y el borroso misterio cargado de infinito!

!Pero yo me rebelo!...? Cómo esta forma humana
que costó a la materia tantas transformaciones
me mata, pecho adentro, todas las ilusiones
y me brinda la noche casi en plena mañana?

Condicionada por el dolor y el temor a la muerte, Alfonsina vive estos últimos años sumida en una profunda crisis que culminará con su suicidio, algo que ya venía anunciando en sus postreros poemas, como podemos ver en Melancolía:

Oh muerte, Yo te amo, pero te adoro, vida...
Cuando vaya en mi caja para siempre dormida,
haz que por vez postrera
penetre mis pupilas el sol de primavera.

Déjame algún momento bajo el calor del cielo,
deja que el sol fecundo se estremezca en mi hielo...
Era tan bueno el astro que en la aurora salía
a decirme: buen día.

No me asusta el descanso, hace bien el reposo,
pero antes que me bese el viajero piadoso
que todas las mañanas,
alegre como un niño, llegaba a mis ventanas.

Sus funerales convocaron a los personajes más importantes de la política y las letras de toda Argentina y antes de cerrar el féretro, su amigo Manuel Ugarte colocó sobre sus manos un ramillete de rosas blancas… Curiosamente, en el espacio de veinte meses, además de ella, también se suicidaron sus amigos y escritores Horacio Quiroga y Leopoldo Lugones… Parece como si la búsqueda de la belleza y la comprensión de la existencia absorbiese la energía vital de aquellos que vivieron para el arte…

¡ADIÓS!

Las cosas que mueren jamás resucitan, 
las cosas que mueren no tornan jamás. 
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda 
es polvo por siempre y por siempre será! 

Cuando los capullos caen de la rama 
dos veces seguidas no florecerán... 
¡Las flores tronchadas por el viento impío 
se agotan por siempre, por siempre jamás! 

¡Los días que fueron, los días perdidos, 
los días inertes ya no volverán! 
¡Qué tristes las horas que se desgranaron 
bajo el aletazo de la soledad! 

¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas, 
las sombras creadas por nuestra maldad! 
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas, 
las cosas celestes que así se nos van! 

¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!... 
-de llagas infectas- ¡cúbrete de mal!... 
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte, 
corazón maldito que inquietas mi afán! 

¡Adiós para siempre mis dulzuras todas! 
¡Adiós mi alegría llena de bondad! 
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas, 
las cosas celestes que no vuelven más! ...

Apuntes sobre el canon literario

Cuadro blanco sobre fondo blanco. Kazimir Malevich

“El canon, una palabra religiosa en su origen, se ha convertido en una elección entre textos que compiten para sobrevivir, ya se interprete esta elección como realizada por grupos sociales dominantes, instituciones educativas, tradiciones críticas o, como hago yo, por autores de aparición posterior que se sienten elegidos por figuras anteriores concretas” (Bloom, 1995: 30)

Es decir, es una selección de los mejores y más importantes textos literarios cuya auténtica cuestión es: “¿Qué debe leer el individuo que desea leer en este momento de la historia?” (Bloom, 1995: 25). Por supuesto, el canon universal sería inmenso, ya que se unirían las tradiciones occidentales, orientales…, por eso cuando se hacen estudios sobre él se centran en alguno de sus puntos, cuya suma total formaría el canon occidental. Aquí tan solo queremos dar una pequeña visión del concepto de canon, centrándonos en el occidental al que pertenece nuestra cultura y hablando al final de la poesía española actual en relación al canon poético.

Empezaremos diciendo que el canon debe existir, es inevitable “porque somos mortales y nuestro tiempo es limitado” (Bloom, 1995: 40) lo que hace que debamos seleccionar nuestras lecturas, y que mejor forma de hacerlo que acudir a un compendio de las más influyentes e importantes de la historia. Pero la cuestión va más allá, pues no solo es inevitable que exista para ofrecernos una guía cultural sobre la que asentar nuestro saber literario, sino que los escritores quieren de su existencia, ya que el hecho de poder llegar a formar parte de él hace que el autor sea reconocido por las posteriores generaciones y por tanto su figura quede inmortalizada; ya sabemos que nadie muere mientras alguien lo recuerda. Sinceramente, siempre he pensado que a esta afirmación le falta una segunda parte que diga que incluso es posible que alguien que ha muerto siga más vivo que tú o yo. Por ejemplo, entrando ya un poco en poesía, Garcilaso de la Vega o Luis de Góngora, que mueren en 1536 y 1627 respectivamente, están mucho más vivos que la gran mayoría de nosotros, y lo estarán por muchos años más. Al fin y al cabo, es el arte la huella de nuestro paso por el mundo, y si ese arte entra en el canon, la huella se eterniza. 

Resumiendo: la entrada en el canon literario hace inmortales a los escritores; el canon inmortaliza, porque el canon hace recordar.

Ya en la Grecia Antigua, antes de la filosofía de platónica de los siglos IV y V a.C., se plasmaba esto en la poesía, por supuesto que no se hablaba de canon, pero sí de la eternidad a la que la obra de arte lleva a sus creadores: “Zeus nos ha dado un duro destino, para que en adelante seamos cantados por los hombres” afirma Homero en el canto VI de la Ilíada. Pero muchos más poetas tratan este tema, por ejemplo Teognis de Megara en estos bellos versos dirigidos a su amante Cirno, en los que afirma que no solo el poeta continuará con su canto tras la muerte, sino que se recordará por igual también al objeto poético:

Alas a ti yo te he dado; con ellas el mar infinito
y toda la tierra en un vuelo podrás recorrer
sin fatigas; en todo banquete y festejo presente
te hallarás, albergado en las bocas de muchos,
y al son de las flautas de tonos agudos los jóvenes
en rondas de amor, con bellas y suaves tonadas
te citarán. Y cuando bajo las cuevas de la sombría tierra,
a las casas de Hades llenas de lamentos,
ni siquiera entonces, aunque estés muerto perderás la fama,
sino que serás recordado entre la gente al tener un nombre inmortal,
Cirno, y vas a viajar por la tierra de Grecia y por las islas,
atravesando sobre el estéril mar rico en peces,
no sentado a lomos de caballos; sin embargo, que te llevarán
los resplandecientes dones de las Musas coronadas de violeta.
Para todos, a quienes importa, y para todos los que existirán
serás canto por igual, mientras tierra y sol (existan).
Yo sin embargo no obtengo de ti un poco de respeto,
sino que como a un niño pequeño me engañas con palabras.
Jorge Manrique

Los latinos, en gran parte deudores de la filosofía helenística incluyeron estas ideas en su arte, y por tanto, todo ello volvió a despertar posteriormente en Europa con el Renacimiento: En Castilla, Jorge Manrique en sus archiconocidas Coplas dice:

Copla 35

No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama glorïosa
acá dejáis,

(aunque esta vida de honor
tampoco no es eternal
ni verdadera);
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal
perecedera.
William Shakespeare

Por último, tan solo un poema más que plasma estas ideas, un soneto de transición entre los siglos XV y XVI, entre Renacimiento y Barroco, escrito por uno de los mejores dramaturgos de la historia, William Shakespeare:

¿A un día de verano compararte?
Más hermosura y suavidad posees.
Tiembla el brote de mayo bajo el viento
y el estío no dura casi nada.

A veces demasiado brilla el ojo solar
y otras su tez de oro se apaga;
toda belleza alguna vez declina,
ajada por la suerte o por el tiempo.

Pero eterno será el verano tuyo.
No perderás la gracia, ni la Muerte
se jactará de ensombrecer tus pasos

cuando crezcas en versos inmortales.
Vivirás mientras alguien vea y sienta
y esto pueda vivir y te dé vida.

Ya sabemos una de las funciones del canon, sin embargo, surge un problema: ¿Están al mismo nivel dentro de él William Shakespeare, Jorge Manrique, Teognis de Megara y Homero? La respuesta claramente es no. Podemos explicar esto a partir de una de las bases de la Semántica Cognitiva, la teoría de prototipos, que aplicada al tema que estamos tratando quedaría así: no todos los elementos del canon se encuentran en un mismo nivel de importancia, sino que hay elementos centrales o prototípicos –obras literarias y autores más representativos y reconocidos- y otros periféricos –obras y autores reconocidos y representativos, pero no al nivel de lo anterior-. Por supuesto, dentro de los elementos periféricos algunos son más cercanos al centro del modelo, mientras que otros están más alejados. En este caso en concreto, podemos afirmar que tanto Shakespeare como Homero junto a sus más importantes obras se encuentran por méritos propios en el mismo centro del canon universal; Manrique estaría en una buena posición pero no sería prototipo como los anteriores, sin embargo sí que estaría situado en una posición más central si estamos hablando del canon poético hispánico; Teognis por su parte no ha sido tan apreciado por grupos sociales, culturales, escritores, tradiciones críticas…, que son los que crean el canon como sabemos gracias a la definición de Bloom, por lo que su posición es muy periférica en el universal, e incluso podemos considerar que no está incluido, aunque ocuparía una mejor situación en el canon poético de la Grecia Antigua.

Esto último nos lleva a otra característica del canon: existe un Gran Canon Occidental, en mayúsculas, en el que se encuentran las obras y los escritores más importantes de la historia de la humanidad. Sin embargo, no es único, ya que cada cultura nacional tiene una visión propia del él, generándose así cánones diversos pero muy similares en cuanto a su forma y contenido. Además, cada cultura tiene su propio canon nacional en el que se recogen sus obras más importantes.

Otra característica importante es que cada época tiene un canon sincrónico determinado por los gustos y las modas culturales. Por ejemplo, es bien sabido que la Generación del 27 –Lorca, Guillén, Aleixandre, Cernuda…- encumbraron como el gran poeta de la historia de las letras hispanas a Luis de Góngora, desplazando a Garcilaso a un segundo plano, es decir, convirtieron en el prototipo por excelencia al poeta barroco y sus difíciles juegos de palabras alejando del centro al renacentista con su lenguaje más sencillo. Comparad en este sentido estos dos maravillosos poemas que describen a una mujer amada:

Luis de Góngora: Soneto LXXXVI 

De pura honestidad templo sagrado,
 cuyo bello cimiento y gentil muro
de blanco nácar y alabastro duro
fue por divina mano fabricado;

pequeña puerta de coral preciado,
claras lumbreras de mirar seguro,
que a la esmeralda fina el verde puro
habéis para viriles usurpado;

soberbio techo, cuyas cimbrias de oro
al claro sol, en cuanto en torno gira, 
ornan de luz, coronan de belleza;

ídolo bello, a quien humilde adoro:
oye piadoso al que por ti suspira,
tus himnos canta y tus virtudes reza.
Garcilaso: Soneto XXIII

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena      
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado       
cubra de nieve la hermosa cumbre;

marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre. 
Detalle de la Venus de Botticelli

Sin embargo, no todo van a ser perfecto, hay un problema que trataré de resumir siguiendo a Méndez Rubio en “¿De dónde viene la violencia al canon poético?”: el hecho de la existencia del canon hace que debamos ver la literatura en una posición maniquea: interior o exterior al canon. Actualmente, el lenguaje y la literatura han sido instrumentalizados por los estados modernos y el mercado para crear un soporte que instaure un proyecto de comunicación masivo y así realizar un control cultural de las masas, es decir, la elección de qué elementos entran en el canon la toma de forma un tanto dictatorial el “grupo social dominante” del que hablaba Bloom en su definición del inicio. El canon es, por tanto, modificado por los intereses del poder que deciden quién entra a él a través del control los grandes medios de masas sin los cuales no puedes ser conocido y por tanto no puedes ser incluido en él, lo que genera una lucha de “textos que compiten para sobrevivir” (Bloom, 1995: 30) en un campo de batalla donde reinan los intereses neoliberales. Qué mejor resumen de esto que las palabras de Chomsky, según el cual las obras masivas y canónicas actuales se convierten en “modelos de propaganda de la ideología neoliberal” (Chomsky, 1992).

 No quiero decir así que gran parte de las obras y autores que se incluyen actualmente no merezcan estar en él, sino que lo que intento reivindicar es que muchas veces a través de los elementos que entran en el canon se trata de tapar y hacer desaparecer a otras muchas grandes obras y escritores que no tienen el respaldo del poder porque lo critican duramente, como es el caso de la poesía experimental actual no basada en los dogmas del realismo: ¿Acaso las obras a las que pertenecen los poemas que aparecen posteriormente no merecen pertenecer al canon poético hispano al igual que han entrado otras muchas de Luis García Montero o Vicente Gallego?, ¿Acaso no deberían ser los propios escritores y los críticos los que decidieran qué obras merecen entrar y no los intereses del poder establecido “democráticamente”?

Antonio Orihuela

11-M

Yo me manifesté contra la guerra.
Hice todo lo que un ciudadano puede hacer contra la guerra.
Pegué carteles,
di recitales,
fui a la huelga general contra la guerra
que mi pequeño sindicato convocó contra la guerra.
Hablé, donde pude, contra la guerra.
Ahora, el gobierno de mi país en guerra
me pide que me manifieste
porque el enemigo
ha empezado a tirarnos bombas.
Querían
ir a la guerra
y sólo disparar ellos.
Enrique Falcón

España y poesía, viejita y regañadita

En mi país cocido de lejos buenamente con las tripas afuera
los poetas comen jeringuillas con leche
carne de avestruz
brotan de las cuevas con un poco de saliva
se derraman por el campo como niños sin dientes.
En mi país cuchillo en las trenzas de los buenos empresarios
no hay huelgas generales:
los poetas las evitan con un trapo en la boca
brotan de las cuevas con temblores de piel
y lamen los cercados de los hombres ricos.
En mi país castigo en periferia de los barrios más bellos
se prohíben cosas que no sean de madera:
con blancos mondadientes se arrancan los colmillos
los poetas honestos de todo el país
brotan de las cuevas con los párpados mudos
para luego calmarse con trescientos espejos
los poetas honestos de todo el país.
Mi
verdadero conflicto:
que me muerden mis versos,
que no tengo país.
Antonio Méndez Rubio

De donde vienes tú no hay esperanza
apenas sino sombra
temblando entre las hojas
noche nueva en el agua
de cuando vienes tú no hay ya futuro
y sin embargo nada
en tus manos significa renuncia
nada derrota nada arena oscura
ni nada desencuentro
nada
sabes del frío con que mi voz te espera

LIBROS CONSULTADOS:

BLOOM, H. (1995): El canon occidental, Barcelona, Anagrama.

CHOMSKY, N. (1992): Ilusiones necesarias (Control del pensamiento en las sociedades democráticas, Madrid, Libertarias.

MÉNDEZ RUBIO, A. (2004): Poesía sin rumbo, Mérida, Editora Regional de        Extremadura.

María Emilia cornejo, la muchacha mala

 “Nací en Lima hace 21 años. Vivo en Lima y cuando salgo siempre vuelvo a ella. Escribo desde temprana edad, con breves y largas interrupciones. A mi estancia en tierras mexicanas debo el haber empezado a escribir más o menos disciplinadamente. Actualmente trabajo y trato de estudiar un poco en la universidad, aunque sé que terminaré siendo siempre autodidacta”.

María Emilia Cornejo,
octubre 1970, 
en su único recital 
Ciudad Universitaria de Lima.

María Emilia Cornejo fue mujer de vida corta y poetisa de un solo libro, pero un alma de desesperación inmensa y soledad de las que alargan el camino. En septiembre de 1972, a la primaveral edad de 23 años, cuando muchas todavía no han levantado el vuelo, ella decidió que su esperanza ya era vieja y paró de andar cortando la senda con una sobredosis de lo que recetan los médicos. Peruana de raíces y corazón, realizó estudios irregulares de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, allí abrió a unos pocos la vena poética que tenía escondida para la mayoría y desangró sus coágulos de inspiración en un taller de poesía dirigido por Hildebrando Pérez junto con el poeta Marco Martos. Sus primeros frutos aparecieron en 1970, en la revista Gesta y tras su marcha, vieron la luz sus tres retoños más destacados, aunque también los más polémicos, en una revista, que como su vida, sólo duró un relámpago, Eros, dirigida por Isaac Rupay. Cuando murió, estaba casada con Oswaldo Márquez, de quien cogió su seudónimo, María Márquez, ¿o tal vez fuera del apellido de su madre, curiosamente el mismo?… y su semilla para realizar su mayor ilusión: tener un hijo, el cual, tras tres meses de embarazo, se adelantó a su madre en el tránsito a la eternidad y la hundió en la depresión y el desconsuelo.

Dicen que era una mujer tierna, amable y simpática, de conversación amena e inteligente cuando se tenía el privilegio de llegar a ella, pero a su alrededor siempre había un aura como de misterio, silencio y oscuridad que no daba demasiadas esperanzas para la confianza. Sin embargo, con frecuencia la invadía el abatimiento y a veces la angustia marcaba surcos en su joven rostro. Su vacío existencial, tan pregonado por los poetas de esa época, fieles seguidores de la filosofía existencialista de Sartre, era acallado por la voz eufórica del alcohol y el sopor de las fiestas entre “amigos” … eran los años sesenta y el mundo se debatía en una crisis de identidad…

Pero lo que nadie puede rebatir, a pesar de lo que pretendan los voceros de José Rosas Ribeyro y Elqui Burgos, es que ella desnudó la voz femenina, no sólo de Perú, sino de todo el planeta, al presentar sus sentimientos sin más, tal como eran, vírgenes, puros, espontáneos, en una poesía a la que se le dio el calificativo de “erótica”, pero que, en realidad, es simplemente natural, donde los tabúes reivindican su lugar y se excluyen los eufemismos afectados y manidos. Ella, mujer, sobre todo, supero el pudor heredado para encontrar su propia voz y lanzar el grito del ahogo existencial surgido de la guerra contradictoria entre los sentimientos íntimos, las vivencias de los sentidos y la sumisión cultural y despótica al hombre como mujer objeto. Por eso mismo, Cornejo también se atreve a poner sus palabras al servicio de los problemas sociales de su época, que son los de siempre…

Su trabajo poético consta de 31 poemas divididos en cinco secuencias y fueron recopilados por su antiguo profesor, Hildebrando Pérez, y editados por el Movimiento Flora Tristán en un libro póstumo titulado “En la mitad del camino recorrido” que se publicó 16 años después de la muerte de María Emilia Cornejo. Su poesía se divide en dos grandes bloques: el amoroso y el social. El primero se caracteriza por su atmósfera intimista, donde es la mujer la que expresa sus experiencias amorosas y eróticas con un lenguaje directo, sin circunloquios ni tapujos, pero impregnadas del líquido viscoso de la desolación, de la angustia y la contradicción entre la afirmación y la negación de los sentidos del cuerpo. El segundo es más sencillo y en él se hace eco de los deseos de un pueblo siempre oprimido, siempre explotado y nunca libre ni satisfecho. En ambos aparece su forma desenfadada de construir la poesía, sin estructuras ni cadenas constructivas que limiten la palabra que brota directamente del interior.

Los únicos poemas publicados en vida, bajo el seudónimo de María Márquez, aparecieron en una revista titulada Gesta que se editó al concluir el taller de poesía que se realizó en la universidad donde estudiaba y que recopilaba los trabajos de los alumnos asistentes al mismo. Estos cuatro poemas corresponden al bloque social de la autora y no aparecen en su libro, tal vez sean, como dicen algunos críticos, los más sencillos y simplistas de su creación. El primero, “Soy / micaela catary”, es una reivindicación de su identidad como mujer social, como heroína, ya que se alude a Túpac Catari, cuyo nombre real era Julián Apaza, el líder del pueblo aymara que reveló contra las autoridades coloniales españolas y que sacó su nombre de guerra de dos líderes anteriores: Túpac Amaro y los hermanos Catari; así mismo, su esposa se llamaba Bartolina Sisa, heroína nacional de Bolivia, pero nuestra poetisa realiza un juego de palabras y, al igual que el esposo, le da un nombre compuesto: Micaela, por la mujer de Túpac Amaro, y Catari, por los hermanos. Sin embargo, en el segundo poema no habla de líderes y heroínas y sí que alude directamente al concepto pueblo:

mi pueblo no es 
un mapa de veinticuatro colores 
quiero decir 
una selva verde 
una costa blanca 
una sierra ocre; 
y digo 
mi pueblo no es 
un mendigo en su banco de oro 
ni un paraíso perdido; 
mi pueblo 
mi pueblo sufre 
y es gente dividida en colores, 
mendigos y explotadores. 

Los dos últimos están dirigidos a un ser querido, que puede ser una persona o su pueblo mismo, pero no se agrupan en la poesía amorosa porque no tiene el mismo tipo de lenguaje ni de intención: (Eres como un árbol / que da sombra, / que protege) y (Eres el alba / que busco con afán).

Para hablar de los poemas amorosos comenzaremos por el final, la quinta secuencia, donde aparecen, junto al dedicado a su hermana gemela Aida María, los tres más famosos de su creación y los causantes de una polémica que ha generado ríos de tinta en los mentideros intelectuales iberoamericanos y mundiales. Estos tres poemas aparecieron en la revista Eros un año antes de ser editado el libro y son bastante diferentes en concreción y arquitectura al resto de la obra, por lo que se consideraban el fruto de una madurez creadora de la autora. Sin embargo, unos años después, el poeta José Rosas Ribeyro declaró:

«Soy la muchacha mala de la historia», «Como tú lo estableciste» y «Tímida y avergonzada» son el resultado de un trabajo de montaje y construcción que en 1973 hicimos al alimón Elqui Burgos y yo en base a los textos que nos alcanzó Hildebrando Pérez un año después de la muerte de María Emilia Cornejo. En aquel momento, mientras nos pusimos a trabajar sobre los textos originales, no nos podíamos imaginar que los poemas resultantes iban a cobrar la importancia que hoy tienen. Alentados por Hildebrando Pérez, Elqui Burgos y yo utilizamos el mundo desgarrado, angustiado, autodestructivo y muy personal que se percibía en los apuntes desordenados, «dislocados» de María Emilia Cornejo para construir tres poemas que queríamos «redondos». Al margen del taller de poesía de San Marcos, al que yo no asistía, pero Elqui sí, era nuestra forma de recordar, homenajear, a una muchacha que habíamos visto pasar entre nosotros como un pájaro que vuela con las alas quemadas y cuyo suicidio nos había dolido profundamente. Era nuestra manera de luchar contra el olvido, de comulgar con ella más allá de la muerte. Y era también un juego que Elqui y yo asumimos con el espíritu irreverente con que un anónimo poeta peruano había creado poco antes a una supuesta poetisa ecuatoriana.

¿Son ciertas estas declaraciones?… ¿Están enfocadas hacia la destrucción de un mito y el aprovecharse de un éxito por parte de las personas que recopilaron y editaron la obra de la poetisa?… En cualquier caso las ideas son las suyas y ella ya no está para defenderse… La verdad es que en los poemas anteriores la mujer es sumisa, monogámica, resignada:

me encontraste en la mitad de todos mis caminos
y avanzaste lentamente hasta inundar
todos los rincones de mi vida.
ahora,
soy la mujer que sigue
sigilosamente
tus pasos
la que aguarda en cada esquina tu llegada,
soy la mujer incondicional
que nada pide a cambio
la que siempre te recibe
y te abre las piernas sin chistar.
soy la mujer,
tu mujer,
que guarda tus más gratos recuerdos;
la que nunca olvidará tu nombre
soy la mujer que conservará como un tesoro
todos tus orgasmos
tu desesperada forma de amarme.
soy la mujer,
tu mujer,
y te amaré
hasta entregarte toda mi piel.

Lo que contrasta con la mujer rebelde, la que le planta cara al machismo y es capaz de confesar con descaro su adulterio, una voz cortante y segura… Leamos los tres famosos poemas:

SOY LA MUCHACHA MALA DE LA HISTORIA
 
soy
la muchacha mala de la historia,
la que fornicó con tres hombres
y le sacó cuernos a su marido.
soy la mujer
que lo engañó cotidianamente
por un miserable plato de lentejas,
la que le quitó lentamente su ropaje de bondad
hasta convertirlo en una piedra
negra y estéril, 
soy la mujer que lo castró 
con infinitos gestos de ternura
y gemidos falsos en la cama.
soy
la muchacha mala de la historia.
COMO TÚ LO ESTABLECISTE
 
sola,
descubro que mi vida transcurrió perfectamente
como tú lo estableciste.
ahora
cuando la sensación de algo inacabado,
inacabado y ajeno
invade de escrúpulos mis buenas intenciones,
sólo ahora
cuando me siento en la mitad de todos mis caminos
atada a frases hechas
a cosas que se hacen por haberlas aprendido
como se aprende una lección de historia,
puedo pensar
que de nada sirvieron los consejos
ni las interminables conversaciones con tu madre,
y esas largas horas de mi vida
perdidas
en aprendizajes extraños
sobre pesas y medidas,
colores
y
sabores
y
en el vano intento de ir tras el sol
tras el vuelo de los pájaros,
de repente quiero acabar
con mi baño de todas las mañanas,
con el café pasado,
con mi agenda cuidadosamente estructurada
de citas y visitas
a las que asisto puntualmente;
pero es tarde
hace frío
y estoy sola.
TÍMIDA Y AVERGONZADA
 
tímida y avergonzada
dejé que quitaras lentamente mis vestidos,
desnuda
sin saber qué hacer y muerta de frío
me acomodé entre tus piernas
¿es la primera vez?
preguntaste,
sólo pude llorar.
oí que me decías que todo iba a salir bien
que no me preocupara,
yo recordaba las largas discusiones de mis padres,
el desesperado llanto de mi madre
y su voz diciéndome:
"nunca confíes en los hombres".
Comprendiste mi dolor
y con infinita ternura
cubriste mi cuerpo con tu cuerpo,
tienes que abrir las piernas, murmuraste,
y yo me sentí torpe y desolada.

Aunque cuesta creer que un pensamiento varonil haya podido sugerir estos sentimientos, incluso las imágenes, a no ser, como dice el crítico Paolo de Lima, que se haya introducido el nuevo elemento del travestismo textual… No voy a ser yo quien lo descubra, por lo tanto, leamos y comparemos otros poemas anteriores de la autora:

hubiéramos querido tener en nuestras manos
la eternidad de nuestras vidas
pero sólo nos era permitido
ocupar el cuarto por tres horas.
la vieja cama rechinó hiriendo nuestros oídos,
para entonces ya nada importaba.
con las precauciones del caso
cara - a - cara
intentamos recuperar nuestro destino
y nos amamos desesperadamente.
yo
todavía conservo
una mata de tu pelo entre mis piernas.
envueltos en las sábanas de tu cama, esa cama tuya
cargada de pesares
descubrimos las mil formas del amor;
mis senos como palomas alimentaron tus angustias
y tus pasos se perdían locos en la llanura de mi vientre,
¡oh! fauno enamorado
cabalgabas sobre mí desesperadamente.
tus labios tomaron posesión de mi sexo
y una lluvia de estrellas bañó nuestros cuerpos
y tu semen vino a mí curando todas mis penas.
al final fumamos y nos quejamos del viejo colchón de paja
limpiamos nuestros sexos
hurgamos en viejos poemas la definición de lo nuestro
volvimos a fumar
y las cuatro paredes de tu cuarto se hicieron evidentes
tan claras y evidentes.
yo te dije adiós y tú prometiste llamarme.
después de un lento aprendizaje
puede reconocer sin equivocarme
las formas de tu cuerpo,
besar tiernamente tus mejillas
y saber con exactitud
las dimensiones de tu falo.
ahora, cada encuentro se convierte
en el hecho cotidiano de besarse
meternos en la cama y repetir
los movimientos del amor.
tu cuerpo se estremece a cada orgasmo,
yo te pido más
y en la necesidad de recuperarte
mis labios exploran tu pubis,
para entonces
cansado y sudoroso.
mis senos abrigan tu sueño.

Saquen ustedes sus propias conclusiones… Pero todavía en el año 2008, José Rosas Ribeyro sigue empeñado en destrozar el mito en una entrevista concedida a Francisco Izquierdo Quea, quien había intentado antes, sin fortuna, sacar alguna declaración a Elqui Burgos; aquí acompaño un fragmento de la entrevista:

 «A tu juicio, ¿Cornejo fue o no poeta?»: «No. Ella era una chica que empezaba a escribir. En sus cuadernos y en hojas sueltas apuntaba cosas acerca de sus malestares existenciales, su vida conyugal, su compromiso social de estudiante católica. La cuestión es simple: sin esos tres poemas ella no existiría hoy como poeta reconocida».

«Eso suena muy categórico…»: «A María Emilia le faltó tiempo para escribir. Quizá hubiera llegado a ser una poeta interesante. Sin embargo, los textos que escribió, los que quedaron tal como ella los hizo, son por lo general poemas sociales bastante mediocres, ingenuos. Las cosas que decía las decía sin tener una verdadera conciencia de estar haciendo poesía». 

«¿María Emilia Cornejo es José Rosas y Elqui Burgos?»: «En parte sí. Digamos que vamos a medias, 50 y 50. María Emilia dijo en el fondo lo que sentía, lo que pensaba. Todo eso lo escribió en muchas hojas de sus cuadernos. Ya luego nosotros compusimos los tres poemas que todos conocen».

En el fondo, María Emilia Cornejo, era una joven torturada por sus depresiones, su desamparo, su vacío, que aparecen a lo largo de toda su obra, pero, sobre todo, en esos poemas existenciales donde no habla de amor sino de soledad:

siempre supe que te encontraría
en alguna vieja calle de Lima.
desde entonces
preparo cuidadosamente nuestro encuentro.
debí seguir tus consejos,
no leer más a Kafka
ni frecuentar esos cafés
que tú sí frecuentas;
pero es tarde
hace frío
y estoy sola.
la soledad abrumadora de mis días
se acrecienta en mis oídos
hasta hacerlos estallar,
ya nadie respeta mis decisiones;
soy la hija extravagante y loca
que hay que rescatar.
entonces
cada palabra mía se convierte
en un grito desgarrador
sin eco y sin respuesta.
he vuelto al camino de la soledad
al camino de la transparencia y la limpieza
he vuelto a los lugares inéditos
donde miedos milenarios pugnan por salir.
he vuelto
yo lo sé,
a la angustia de una noche que se acaba,
al poema terminado,
al silencio,
a mi vida.
de día
mi cuarto es primavera
de flores y rosas
y
cuando llega la noche
es aquel viejo reloj
cansado y sin horas
que espera,
y simplemente espera
al tiempo
que viene en mi contra.
es sólo el tiempo
que viene en mi contra
y no me deja morir
porque
ya no
ya no le temo a la muerte
pues
sentado junto a ella
hoy
ya no tengo
la culpa
de
sentirme sola.

Cuando murió, Cornejo estaba trabajando en su libro, el cual quedó inconcluso…

En la presentación del libro “En la mitad del camino recorrido”, Mariela Sala dejó esta semblanza de la poetisa:

“En ella, vida y obra fueron una, y su muerte, por lo mismo, fue un acto poético mediante el cual permanecerá siempre entre nosotras como la adolescente, la contestataria, la que se atrevió a develar una verdad y lo hizo, para decirlo con sus propias palabras, “como una piedra que cae” y que deja para siempre sus ondas en el agua”.

Bejarano, Francisco

El poeta y escritor español Francisco Bejarano nació en Jerez de la Frontera en 1945. Su poesía se caracteriza por la musicalidad del verso, el equilibrio entre la belleza poética y la emoción, y los temas de la desilusión del amor, el paso del tiempo y el ensalzamiento de lo infantil. Ha publicado varios libros de poesía, entre los que destacan Transparencia indebida (1977), Las tardes (1988), que recibió el Premio de la Crítica Española, y Un juego peligroso (2011). También ha escrito ensayos, como Manual del escritor y del lector modernos (2000), y libros sobre la cultura y la historia de Jerez, como El Jerez de los bodegueros (2004). Es codirector de la revista literaria Fin de siglo y director de la revista Contemporáneos, además de colaborar como columnista en diversos periódicos de la provincia de Cádiz. Es académico de número de la Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras de Jerez. Su obra ha sido traducida al francés, italiano, inglés y alemán. Su poesía gira alrededor de varios temas entre los que destacan: La desilusión del amor, donde expresa su dolor, su nostalgia y su desengaño por el amor perdido o no correspondido. El paso del tiempo, reflexionando sobre el transcurrir de la vida, la fugacidad de la felicidad, el envejecimiento y la muerte. El ensalzamiento de lo infantil, recuperando la mirada inocente y lúdica de la infancia, el juego, la fantasía y la ilusión.

The rose, de Amanda McBroom

Pido disculpas si me he dejado llevar por el sentimentalismo… y no me refiero al hecho de aprovechar la situación temporal como una afectación fácil y trasnochada, no, esto no tiene nada que ver con febrero y menos con San Valentín, pero sí con el otro artículo que colgué hace unos pocos días, el dedicado a Janis Joplin… Sí, me he dejado llevar, pero no lo he querido evitar…

“La Rosa” (The Rose) es una canción escrita por la cantautora norteamericana Amanda McBroom, hija del actor David Bruce, que se hizo famosa por ser el tema principal de la película del mismo nombre y cuyo argumento está basado en la vida de Janis Joplin, por lo tanto, trata de la historia de una auto-destructiva estrella del rock de los años sesenta, a la cual interpretó la actriz y cantante Bette Midler. El film, en un principio, iba a titularse “La Perla” (The Pearl), como el último disco de la malograda artista, pero su familia se negó y no permitió a los productores que utilizasen los derechos de su historia. La película fue nominada para cuatro Óscar y la canción fue un gran éxito en la década de los ochenta. Esta es la única relación que tiene con Janis Joplin, aunque curiosamente, todavía hay mucha gente que le adjudica la autoría de la misma a ella, sin embargo, Janis murió en 1970, siete años antes de que la canción fuera compuesta.

La misma autora, Amanda McBroom, explicó como se generó este tema:

“La gente a menudo me pregunta qué me inspiró a escribir La Rosa. Esta es la historia: 

Yo estaba conduciendo por la autopista una tarde, en algún momento en 1977. 

Estaba escuchando una canción en la radio, se trataba de "Magdalena" de Danny O'Keefe, cantada por Leo Sayer. Me gustó de inmediato. Mi frase favorita fue "Tu amor es como una navaja de afeitar. Mi corazón es una cicatriz." Yo pensé, "Oh, me encanta esa letra." 

A medida que continuaba por el camino me vino la idea. No estoy de acuerdo con ese sentimiento. No creo que el amor sea como una navaja de afeitar. (Yo era más joven entonces.) ¿Cómo es, pues, el amor? De repente, fue como si alguien hubiera abierto una ventana en la parte superior de mi cabeza. Las palabras comenzaron a llegar. Tuve que seguir recitándolas mientras conducía cada vez más rápido hacia mi casa, y las repetía y las repetía para no olvidarlas. Llegué al camino de entrada, corrí hacia la casa, dejándola pasar desconcertados perros, gatos y maridos, y me senté en el piano. Diez minutos más tarde, “La rosa” estaba allí. 

Llamé a mi esposo, George, y se la interpreté, como siempre lo hacía con mis nuevas canciones. Él escuchó y tranquilamente me dijo: "Simplemente has escrito algo modélico." Yo protesté y dije que nadie más que mis amigos lo oirían jamás. (Esto fue mucho antes de que yo hubiera registrado nada). Él dijo: "Recuerda mis palabras, algo va a pasar con esta canción." 

Un año más tarde, un gran compositor joven llamado Michele Brourman, que se convirtió en mi principal colaborador musical y mi mejor amigo, dijo: "Escucha. Están acabando una película que se va a llamar "La Rosa". Buscan una canción con ese título. ¿Quieres presentar esto a ellos?" Yo nunca había pensado realmente en presentar esta canción a nadie. No me consideraba una escritora de canciones en aquel momento. Así que le dije: "Claro." Originalmente, la película había sido llamada “La Perla”, que era el apodo de Janis Joplin. Pero su familia negó el permiso para usar ese nombre. Por suerte para mí. "La Perla" es mucho más difícil de rimar. 

Presenté la melodía de los productores, quienes la despreciaron. Ellos pensaron que era aburrida y que no tenía que ver nada con el rock and roll. La pusieron en la caja de rechazos. Pero el divino Paul Rothchild, que era el supervisor musical de la película y había sido productor de Janis Joplin, la rescató y les pidió que lo reconsideraran. De nuevo volvieron a decir que no. Así que él se la envió a Bette. A ella le gustó y la introdujo en la película y mi vida cambió para siempre. 

Nunca mas he escrito otra canción tan rápido. Me gusta pensar que yo era la ventana que estaba abierta cuando esos pensamientos necesitaban salir adelante. Estoy eternamente agradecido a Bette ... .. . a Paul Rothchild ... a Bill Kerby, quien escribió el guión ... a mi amigo que la presentó por primera vez por mí ... y al Universo por hablarme en primer lugar y por mostrarme lo que yo realmente creo.

“The Rose”dice así:

Some say love it is a river // that drowns the tender reed. // Some say love it is a razor  // that leaves your soul to bleed. // Some say love it is a hunger,  // an endless aching need. // I say love it is a flower, // and you its only seed. // It’s the heart afraid of breaking // that never learns to dance. // It’s the dream afraid of waking // that never takes the chance. // It’s the one who won’t be taking, // who cannot seem to give. // And the soul afraid of dying // that never learns to live. // When the night has been too lonely // and the road has been too long, // and you think that love is only // for the lucky and the strong, // just remember, in the winter, // just beneath the bitter snow // lies a seed that with the sun’s love // in the spring becomes the rose.

Es una letra de esperanza, la que nunca tuvo Janis, de horizontes y de sueños por realizar… porque el amor, que todo lo arrasa, también es cálido y da vida… sólo hay que saber arriesgarse… Es una canción repleta de paz y sosiego, de la que muchos piensan alejada del estilo de aquella mujer a la que llegó a representar, pero podemos dudarlo, porque Janis todo lo interpretaba desde su alma y con el alma, aunque su espíritu confuso y errante surgiera tal como era en su voz, torturada y atormentada…

Dicen que el amor es como un río
que ahoga a los juncos jóvenes.
Dicen que el amor es como una cuchilla
que deja tu alma sangrando.
Dicen que el amor es como el hambre,
una interminable y dolorosa necesidad.
Yo digo que el amor es como una flor
y tú eres su única semilla.
El corazón que teme romperse,
nunca aprende a bailar.
El sueño que teme despertarse,
nunca aprovecha la oportunidad.
Es aquel que no querrá nadie,
que será incapaz de ofrecerse.
Y el alma temerosa de morir,
nunca aprende a vivir.
Cuando la noche ha sido tan solitaria
y el camino ha sido tan largo,
y tú piensas que el amor es sólo
para los afortunados y los fuertes,
entonces recuerda, que en invierno,
justo debajo de la fría nieve,
yace una semilla que, con el amor del sol,
en primavera se convertirá en la rosa.
 

La primera versión, la que abre el artículo, es la más conocida, la de Bette Midler y fue la oficial de la película y con la que se dio a conocer mundialmente, pero ahora me gustaría que escuchaseis la interpretada por la misma autora, Amanda McBroom, que nos recuerda un poco al estilo country y a la voz de Joan Baez, como podréis comprobar seguidamente:

Tal vez la voz que más se acercará a la personal de Janis Joplin fuera la de Bonnie Tyler, por lo desgarrada, aunque en esta versión está bastante comedida…

Conway Twitty llevó este tema hasta el numero uno de las listas americanas en 1983…

Y para la gente que ama el estilo más pastosillo, también está la versión del grupo irlandés Westlife, para que luego digan que aquella isla sólo saca gente como U2,Van Morrison, The Corrs, The Cranberries, Bob Geldof o Gary Moore, ¡qué va!… disfrútenla…

Espanca, Florbela

Florbela Espanca es una escritora y poeta portuguesa considerada como una de las precursoras del movimiento feminista en Portugal. Nació el 8 de diciembre de 1894 y murió 36 años después justo el mismo día de su cumpleaños. Su poesía trata del amor, el erotismo, la saudade, el sufrimiento, la soledad y la muerte. Su estilo poético no se encuadra en ningún movimiento literario concreto, aunque algunos críticos la han comparado con Rosalía de Castro. Fue una mujer adelantada a su tiempo, que rompió algunas barreras de la sociedad portuguesa de principios del siglo XX al ser, por ejemplo, una de las primeras en asistir al curso secundario en un liceo masculino, en divorciarse dos veces y en casarse con un hombre de otra raza. Su poesía refleja su rebeldía, su sensualidad, su deseo de libertad y su amor por la vida. Aunque no se consideraba feminista ni militaba en ningún movimiento social, Florbela inspiró a muchas mujeres con su ejemplo y su obra. Su poesía es una expresión de la voz femenina que se atreve a decir lo que siente y lo que piensa, sin miedo al juicio ni a la censura. Sus obras más importantes son: Livro de Mágoas (1919): Su primera obra publicada, donde expresa su dolor por la pérdida de su padre y su primer marido. Es una colección de 88 sonetos que reflejan su angustia existencial y su búsqueda de la felicidad. Livro de Sóror Saudade (1923): Su segunda obra publicada, donde adopta el seudónimo de Sóror Saudade, una monja imaginaria que vive en un convento de clausura. Es una obra más madura y refinada que la anterior, donde explora temas como el erotismo, la religión y la soledad. Charneca em Flor (1931): Su obra maestra, publicada póstumamente. Es una colección de 88 sonetos que muestran su evolución poética y personal. En esta obra, Florbela se libera de las convenciones sociales y literarias y expresa su sensualidad, su rebeldía, su deseo de libertad y su amor por la vida.

Nota: La saudade es una palabra portuguesa que no tiene una traducción exacta a otros idiomas. Es un sentimiento complejo y profundo que expresa el anhelo de algo o alguien que se ama y se extraña, pero que quizás no se pueda volver a tener. La saudade implica tristeza, pero también amor, deseo y alegría nostálgicos. Es un bien que se padece y un mal que se disfruta. Es algo diferente de la morriña, que se refiere a la nostalgia de la tierra natal. La saudade es más trascendental y ambigua, y abarca otros temas como el erotismo, la religión, la soledad y la muerte.

El Rey de Harlem, de Federico García Lorca

“El rey de Harlem” es un poema de Federico García Lorca que denuncia la situación de los negros en Nueva York. Es un símbolo de la resistencia y la dignidad de los oprimidos frente a la brutalidad y el racismo de la sociedad blanca. Lorca crea imágenes sorprendentes y expresivas con un lenguaje rico y poderoso que mezcla lo surrealista, lo expresionista y lo popular.

Con una cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.

Fuego de siempre dormía en los pedernales,
y los escarabajos borrachos de anís
olvidaban el musgo de las aldeas.

Aquel viejo cubierto de setas
iba al sitio donde lloraban los negros
mientras crujía la cuchara del rey
y llegaban los tanques de agua podrida.

Las rosas huían por los filos
de las últimas curvas del aire,
y en los montones de azafrán
los niños machacaban pequeñas ardillas
con un rubor de frenesí manchado.

Es preciso cruzar los puentes
y llegar al rubor negro
para que el perfume de pulmón
nos golpee las sienes con su vestido
de caliente piña.

Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente
a todos los amigos de la manzana y de la arena,
y es necesario dar con los puños cerrados
a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas,
para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre,
para que los cocodrilos duerman en largas filas
bajo el amianto de la luna,
y para que nadie dude de la infinita belleza
de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas de las cocinas.

¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!
No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje.

Tenía la noche una hendidura y quietas salamandras de marfil.
Las muchachas americanas
llevaban niños y monedas en el vientre
y los muchachos se desmayaban en la cruz del desperezo.
Ellos son.
Ellos son los que beben el whisky de plata junto a los volcanes
y tragan pedacitos de corazón por las heladas montañas del oso.

Aquella noche el rey de Harlem con una durísima cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.
Los negros lloraban confundidos
entre paraguas y soles de oro,
los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso blanco,
y el viento empañaba espejos
y quebraba las venas de los bailarines.

Negros, Negros, Negros, Negros.

La sangre no tiene puertas en vuestra noche boca arriba.
No hay rubor. Sangre furiosa por debajo de las pieles,
viva en la espina del puñal y en el pecho de los paisajes,
bajo las pinzas y las retamas de la celeste luna de cáncer.

Sangre que busca por mil caminos muertes enharinadas y ceniza de nardo,
cielos yertos, en declive, donde las colonias de planetas
rueden por las playas con los objetos abandonados.

Sangre que mira lenta con el rabo del ojo,
hecha de espartos exprimidos, néctares de subterráneos.
Sangre que oxida el alisio descuidado en una huella
y disuelve a las mariposas en los cristales de la ventana.

Es la sangre que viene, que vendrá
por los tejados y azoteas, por todas partes,
para quemar la clorofila de las mujeres rubias,
para gemir al pie de las camas ante el insomnio de los lavabos
y estrellarse en una aurora de tabaco y bajo amarillo.

Hay que huir,
huir por las esquinas y encerrarse en los últimos pisos,
porque el tuétano del bosque penetrará por las rendijas
para dejar en vuestra carne una leve huella de eclipse
y una falsa tristeza de guante desteñido y rosa química.

*

Es por el silencio sapientísimo
cuando los camareros y los cocineros y los que limpian con la lengua
las heridas de los millonarios
buscan al rey por las calles o en los ángulos del salitre.

Un viento sur de madera, oblicuo en el negro fango,
escupe a las barcas rotas y se clava puntillas en los hombros;
un viento sur que lleva
colmillos, girasoles, alfabetos
y una pila de Volta con avispas ahogadas.

El olvido estaba expresado por tres gotas de tinta sobre el monóculo,
el amor por un solo rostro invisible a flor de piedra.
Médulas y corolas componían sobre las nubes
un desierto de tallos sin una sola rosa.

*

A la izquierda, a la derecha, por el sur y por el norte,
se levanta el muro impasible
para el topo, la aguja del agua.
No busquéis, negros, su grieta
para hallar la máscara infinita.
Buscad el gran sol del centro
hechos una piña zumbadora.

El sol que se desliza por los bosques
seguro de no encontrar una ninfa,
el sol que destruye números y no ha cruzado nunca un sueño,
el tatuado sol que baja por el río
y muge seguido de caimanes.

Negros, Negros, Negros, Negros.

Jamás sierpe, ni cebra, ni mula
palidecieron al morir.
El leñador no sabe cuándo expiran
los clamorosos árboles que corta.
Aguardad bajo la sombra vegetal de vuestro rey
a que cicutas y cardos y ortigas turben postreras azoteas.
Entonces, negros, entonces, entonces,
podréis besar con frenesí las ruedas de las bicicletas,
poner parejas de microscopios en las cuevas de las ardillas
y danzar al fin, sin duda, mientras las flores erizadas
asesinan a nuestro Moisés casi en los juncos del cielo.

¡Ay, Harlem, disfrazada!
¡Ay, Harlem, amenazada por un gentío de trajes sin cabeza!
Me llega tu rumor,
me llega tu rumor atravesando troncos y ascensores,
a través de láminas grises
donde flotan tus automóviles cubiertos de dientes,
a través de los caballos muertos y los crímenes diminutos,
a través de tu gran rey desesperado
cuyas barbas llegan al mar.

Este poema forma parte del libro Poeta en Nueva York, publicado en 1940 y refleja las impresiones del autor sobre la vida de los afroamericanos en el barrio de Harlem, en la ciudad de Nueva York, durante su estancia allí entre 1929 y 1930. En él combina elementos surrealistas, simbólicos y sociales, para crear una visión crítica y expresiva de la realidad de la opresión, la violencia y la marginación que sufrían los negros en Estados Unidos.

El poema se divide en cuatro partes, cada una con un tono y un tema diferente. La primera parte presenta al personaje del rey de Harlem, un hombre que con una cuchara arranca los ojos a los cocodrilos y golpea el trasero de los monos, como una forma de rebelarse contra la naturaleza y la civilización que lo han excluido. La segunda describe el ambiente nocturno de Harlem, donde las muchachas americanas llevan niños y monedas en el vientre, y los muchachos se desmayan en la cruz del desperezo. La tercera se centra en la sangre de los negros, que no tiene puertas en su noche boca arriba, y que busca por mil caminos muertes enharinadas y ceniza de nardo. Y la cuarta parte repite el gesto del rey de Harlem con la cuchara, y muestra el llanto confundido de los negros entre paraguas y soles de oro, mientras el viento empaña espejos y quiebra las venas de los bailarines.

Esta obra es un ejemplo de la capacidad poética de Lorca para crear imágenes impactantes, originales y cargadas de significado. También es una muestra de su compromiso social y humano con las causas de los oprimidos y los marginados, que se refleja, en este caso, mediante su solidaridad con los negros de Harlem. El poema es una denuncia de la injusticia y la discriminación racial que existía en Estados Unidos, pero también una celebración de la belleza y la fuerza de la cultura afroamericana.

Federico García Lorca utiliza en obra diversas figuras literarias para crear un lenguaje poético rico, original y expresivo. Algunas de las figuras que destacan en el poema son:

La metáfora: Consiste en identificar un término real con otro imaginario que guarda alguna relación de semejanza. Por ejemplo, en el verso “Fuego de siempre dormía en los pedernales”, el fuego se asocia con la vida y la energía, y los pedernales con la naturaleza y la tradición. Otra metáfora es “tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro”, donde la sangre representa la identidad y el sufrimiento de los negros, y el eclipse oscuro simboliza la opresión y la injusticia que padecen.

La personificación: Radica en atribuir cualidades humanas a seres inanimados o irracionales. Por ejemplo, en el verso “Las rosas huían por los filos de las últimas curvas del aire”, las rosas se presentan como seres vivos que huyen del ambiente hostil de la ciudad. Otra personificación es “el viento empañaba espejos y quebraba las venas de los bailarines”, donde el viento actúa como un agente destructivo que borra la imagen y la vitalidad de los negros.

La hipérbole: Se fundamenta en exagerar la realidad para causar un efecto de intensidad o sorpresa. Por ejemplo, en el verso “Con una cuchara arrancaba los ojos a los cocodrilos y golpeaba el trasero de los monos”, se exalta la fuerza y la rebeldía del rey de Harlem, que desafía a los animales más feroces y burlones con un simple utensilio. Otra hipérbole es “Es la sangre que viene, que vendrá por los tejados y azoteas, por todas partes”, donde se anticipa una catástrofe social provocada por la violencia racial.

La aliteración: Es repetir uno o varios sonidos para crear un efecto sonoro o rítmico. Por ejemplo, en el verso “Negros, Negros, Negros, Negros”, se repite el sonido /n/ para enfatizar la presencia y la voz de los negros. Otra aliteración es “para gemir al pie de las camas ante el insomnio de los lavabos”, donde se repite el sonido /m/ para sugerir el lamento y el desconsuelo de los negros.

Este poema tiene varias influencias que se pueden apreciar en su forma y en su fondo. Algunas de ellas son:

El surrealismo, un movimiento artístico y literario que surgió en Francia en la década de 1920 y que buscaba expresar el mundo del subconsciente, la imaginación y los sueños, mediante imágenes irracionales, absurdas y simbólicas. Lorca se inspiró en autores surrealistas como André Breton, Paul Éluard o Luis Buñuel, y utilizó la técnica de la escritura automática, que consiste en escribir sin censura ni control racional, dejando fluir el pensamiento libremente. Así, el poema está lleno de metáforas sorprendentes, contrastes violentos y asociaciones inesperadas, que crean un efecto de extrañeza y de crítica a la realidad.

La cultura afroamericana, especialmente de la música, el baile, la religión y la literatura de los negros de Harlem, un barrio de Nueva York donde Lorca vivió durante su estancia en Estados Unidos entre 1929 y 1930. Lorca se sintió atraído por la belleza, la fuerza y la vitalidad de los negros, y también por su situación de opresión, discriminación y marginación social. Lorca denunció la injusticia racial y se solidarizó con la lucha de los negros por su libertad y su dignidad. El poema es un homenaje al rey de Harlem, un personaje ficticio que representa al líder espiritual y político de los negros, que se rebela contra la naturaleza y la civilización que lo han excluido.

La poesía estadounidense, especialmente de Walt Whitman, un poeta que Lorca admiraba por su estilo innovador, su visión democrática y su celebración de la vida. Lorca adoptó algunas características de la poesía whitmaniana, como el verso libre o el verso blanco, que no tiene rima ni medida fija, el uso de enumeraciones y paralelismos, el tono profético y exaltado, y el recurso a los signos de puntuación para marcar el ritmo y la entonación. Lorca también se inspiró en otros autores estadounidenses como Edgar Allan Poe o Herman Melville, a los que aludió en algunos versos del poema.

Lorca decidió escribir sobre la cultura afroamericana por varias razones. Una de ellas fue su interés personal por la música, el baile, la religión y la literatura de los negros, que conoció durante su estancia en Nueva York y en Cuba. Lorca se sintió atraído por la belleza, la fuerza y la vitalidad de los negros, y también por su situación de opresión, discriminación y marginación social. Lorca denunció la injusticia racial y se solidarizó con la lucha de los negros por su libertad y su dignidad. Otra razón fue su búsqueda de una nueva estética poética, que rompiera con las formas tradicionales de la poesía española y que se inspirara en el surrealismo, el jazz, el blues y el folklore afroamericano. Lorca creó un lenguaje poético propio, rico en metáforas, símbolos, contrastes y musicalidad, que reflejaba su visión crítica y expresiva de la realidad. Una tercera razón fue su identificación con el mundo gitano, que también había sido una fuente de inspiración para él en obras anteriores. Lorca vio en los negros una similitud con los gitanos, tanto por su cultura como por su marginalidad. Lorca se consideraba a sí mismo un gitano andaluz, y sentía una afinidad espiritual con los negros americanos.

Poeta en Nueva York de Federico García Lorca es una obra que tuvo una recepción muy variada por parte de la crítica y el público, tanto en España como en el extranjero. Algunos aspectos que influyeron en la recepción fueron:

El contexto histórico y político: El libro se publicó por primera vez en 1940, cuatro años después de la muerte de Lorca y en plena guerra mundial. En España, el régimen franquista censuró y prohibió la obra, por considerarla subversiva, antipatriótica y contraria a los valores católicos. En otros países, como México, Argentina o Estados Unidos, el libro tuvo una mejor acogida, pero también se vio afectado por la situación bélica y la escasez de papel. Además, el libro se publicó sin las fotografías que Lorca había previsto incluir, lo que alteró su concepción original.

El cambio estético y temático: El libro supuso una ruptura con la poesía anterior de Lorca, que había alcanzado un gran éxito con Romancero gitano o Poema del cante jondo. Poeta en Nueva York era una obra más compleja, innovadora y vanguardista, que utilizaba el surrealismo, el verso libre y las imágenes irracionales para expresar su visión crítica de la realidad. Abordaba temas como la injusticia social, la discriminación racial, la deshumanización de la ciudad, la angustia existencial o el deseo erótico. Estos temas no eran habituales ni bien vistos en la poesía española de la época, y provocaron el desconcierto y el rechazo de algunos lectores y críticos.

El reconocimiento póstumo: Con el paso del tiempo, Poeta en Nueva York fue ganando prestigio y admiración, tanto dentro como fuera de España. Se reconoció su valor literario, su originalidad, su universalidad y su actualidad. Se publicaron numerosas ediciones, traducciones, estudios y comentarios sobre el libro. Se recuperaron las fotografías que Lorca había seleccionado para ilustrar el libro. Se le dedicaron homenajes, exposiciones, documentales y adaptaciones musicales. Se le consideró una de las obras maestras de la poesía española del siglo XX y una de las más influyentes en la poesía hispanoamericana.

La estancia de Lorca en Nueva York fue una experiencia decisiva para su obra poética, ya que le permitió ampliar sus horizontes creativos, experimentar con nuevas formas de expresión y denunciar las injusticias sociales que observaba en la ciudad. Según algunos expertos, Poeta en Nueva York es el libro más original, innovador y vanguardista de Lorca, y uno de los más importantes de la poesía española del siglo XX. Algunas de las características que reflejan la influencia de Nueva York en la obra de Lorca son:

El uso del surrealismo como método para crear imágenes sorprendentes, irracionales y simbólicas, que revelan el subconsciente del poeta y su visión crítica de la realidad. Lorca se inspiró en el movimiento surrealista francés, especialmente en André Breton y Paul Éluard, y también en el cineasta Luis Buñuel, con quien había colaborado en el guion de la película Un perro andaluz. El surrealismo le permitió expresar su angustia, su soledad, su deseo y su rebeldía ante el mundo moderno.

El contraste entre la naturaleza y la civilización, entre lo humano y lo mecánico, entre lo vivo y lo muerto. Lorca se sintió abrumado por la magnitud de los rascacielos, el ritmo frenético de la vida urbana, el consumismo, el materialismo y la violencia que dominaban la ciudad. Frente a ello, buscó refugio en la naturaleza, en los elementos primordiales como el agua, el fuego, la tierra y el aire, y en los seres marginados como los negros, los indios, los niños o los animales. Lorca denunció la deshumanización de la sociedad moderna y la alienación del individuo.

La incorporación de elementos culturales e históricos de Estados Unidos, especialmente relacionados con la situación de los afroamericanos. Lorca se interesó por la música, el baile, la religión y la literatura de los negros, y se solidarizó con su lucha por la libertad y la dignidad. Lorca también aludió a acontecimientos históricos como la guerra civil americana, el crack del 29 o el asesinato de Lincoln. Lorca mostró una visión crítica y comprometida con las causas sociales y humanas.

La ruptura con las formas tradicionales de la poesía española y la búsqueda de una nueva estética. Lorca abandonó el uso del verso regular y de las rimas consonantes o asonantes, y optó por el verso libre o el verso blanco. También renunció a las referencias culturales o literarias españolas, y se inspiró en autores como Walt Whitman o Edgar Allan Poe. Lorca creó un lenguaje poético propio, rico en metáforas, símbolos, contrastes y musicalidad. En conclusión, podemos decir que Nueva York fue una fuente de inspiración para Lorca, pero también un desafío y una provocación. Lorca supo transformar su experiencia personal en una obra universal, que refleja las contradicciones, los conflictos y las esperanzas del ser humano en el siglo XX.

Villena, Fernando de

Fernando de Villena, granadino de nacimiento y vocación, es uno de los poetas más prolíficos y reconocidos de la literatura española contemporánea. Su formación como doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Granada y su pertenencia a la Academia de Buenas Letras de Granada le han otorgado un profundo conocimiento de la lengua y la cultura hispánicas, que se refleja en su obra. Su producción literaria abarca más de treinta libros de poesía, así como obras de narrativa y ensayo, que le han valido numerosos galardones, entre ellos el Premio Andalucía de la Crítica, el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla y el Premio Internacional de Poesía Generación del 27. Su poesía se inspira en la tradición clásica grecolatina y en la cultura mediterránea, pero también en el Siglo de Oro español, especialmente en la figura de Góngora, a quien ha dedicado varios estudios y homenajes. Entre sus poemarios más destacados se encuentran Pensil de rimas celestes, una recreación del universo gongorino; Soledades tercera y cuarta, una continuación imaginaria de las Soledades de Góngora; El libro de la esfinge, una reflexión sobre el enigma de la existencia; El Mediterráneo, un canto al mar que une civilizaciones; y La cripta de la resurrección, una meditación sobre la muerte y la vida eterna. Fernando de Villena es, sin duda, un poeta que combina erudición y belleza, tradición e innovación, en una voz única e inconfundible.

Grande, Félix

Félix Grande fue uno de los grandes poetas españoles del siglo XX, perteneciente a la Generación del 50, que también destacó como narrador y crítico literario. Su vida estuvo marcada por el amor a la poesía, al flamenco y a su familia. Nació en 1937 en Mérida, una ciudad extremeña con un rico patrimonio histórico, pero se crio en Tomelloso, un pueblo manchego famoso por sus cuevas y sus vinos. Allí conoció la dura realidad del campo, donde su abuelo trabajaba como cabrero, y la violencia de la posguerra, donde su padre ejercía como guardia de asalto. Desde muy joven sintió una gran pasión por el flamenco, llegando a ser un virtuoso de la guitarra y acompañó a grandes figuras del cante como Juanito Valderrama o Antonio Mairena. Sin embargo, su vocación literaria le llevó a abandonar los escenarios y dedicarse por completo a la escritura. Se trasladó a Madrid, donde conoció a la que sería su esposa y compañera de vida, la poeta Francisca Aguirre, hija del pintor Lorenzo Aguirre. Juntos tuvieron una hija, Guadalupe Grande, que también se dedicaría a la poesía. Formaron una familia unida por el arte y el compromiso social. Su obra poética se caracteriza por su lenguaje sencillo y directo, su tono coloquial y su capacidad para expresar sentimientos universales. Algunos de sus libros más destacados son Las piedras del cielo, Biografía, La cabellera de la Shoá o Los versos del varón de piedra. Por ellos recibió importantes galardones como el Premio Adonáis, el Premio Casa de las Américas, el Premio Nacional de Poesía o el Premio Nacional de las Letras Españolas. También cultivó la narrativa, con obras como Mestizo, El libro de los abrazos o La balada del abuelo Palancas, donde reflejó sus experiencias personales y su visión crítica de la realidad española. Además, fue un reconocido flamencólogo y escribió ensayos sobre García Lorca, Paco de Lucía y Camarón de la Isla, entre otros.Félix Grande falleció en Madrid en 2014 a causa de un cáncer de páncreas, dejando un legado literario y humano que lo sitúa entre los grandes escritores españoles contemporáneos. Su obra ha sido traducida a varios idiomas y ha sido objeto de numerosos estudios y homenajes.