Octavio Paz, poeta y ensayista fundamental del siglo XX, nació en la Ciudad de México el 31/03/1914 y falleció el 19/04/1998. Su labor como diplomático, intelectual y editor, junto al Nobel de Literatura recibido en 1990, lo sitúan como referente indiscutible de la literatura hispanoamericana. Paz construyó una poética singular, marcada por la experimentación y el inconformismo, que sigue inspirando a estudiantes y lectores.
La trayectoria de Paz se nutre de diversas corrientes literarias y filosóficas. Desde sus primeros libros, como Luna silvestre (1933) y Raíz del hombre (1937), se percibe el neomodernismo y una preocupación social. Durante su estancia en Estados Unidos (1943) estudió el modernismo angloamericano, y en Francia colaboró con surrealistas como André Breton, incorporando técnicas como la escritura automática. Paz consideraba la poesía como una “religión secreta de la era moderna”, es decir, un espacio sagrado donde la palabra puede transformar la realidad, el cuerpo y el mundo. Esta concepción aparece en su ensayo El laberinto de la soledad y permea toda su obra.
Uno de los ejes centrales de su poética es la búsqueda de la “comunión”, concepto inspirado en el yin y yang oriental. Para Paz, la comunión significa reconciliar opuestos: el yo y el otro, pensamiento y cuerpo, hombre y naturaleza. En Libertad bajo palabra (1949) y Piedra de sol (1957), explora el tiempo circular y la eternidad. En este último poema, escribe: “un sol más vivo nace de mi muerte”, mostrando cómo el ciclo vital se repite y el individuo se disuelve en el universo. La pluralidad, para Paz, es la verdadera universalidad; la poesía es el puente entre fragmentos dispersos.
Paz concibe el lenguaje como herramienta de revelación. En El mono gramático (1974), combina ensayo, narrativa y poesía para reflexionar sobre los límites y posibilidades del idioma. Su experimentación formal alcanza su máxima expresión en Blanco (1967), poema abierto a múltiples lecturas, donde afirma: “El poema es un espejo que se mueve en el espacio”. Aquí, el lenguaje deja de ser solo vehículo y se convierte en protagonista, invitando al lector a participar en su creación y significado.
El impacto de Paz trasciende fronteras. Como editor de Vuelta, impulsó a nuevas generaciones de escritores latinoamericanos. Su obra, difícil de clasificar, mezcla surrealismo, existencialismo y hermetismo, y resalta la diversidad y continuidad de la vida. Eliot Weinberger señala que Paz logra unir pensamiento y cuerpo en una “unidad mítica perdida”. En Piedra de sol, el verso “la vida es otra, siempre otra, y otra” resume la visión de la existencia como proceso en constante transformación. Hoy, Paz sigue siendo referencia obligada: su poesía es acto de rebelión y conexión.
La poética de Octavio Paz es un laberinto de palabras donde realidad y sueño se entrelazan. Sus ideas y versos invitan a cuestionar el mundo y a buscar, en la diversidad, el sentido de la comunión. Su legado permanece vigente, recordando que la poesía es una forma de conocimiento y resistencia.


