Abraham Valdelomar

El 3 de noviembre de 2019 se cumplieron cien años de su muerte. Nacido en Ica, una ciudad del sur de Perú, el 27 de abril de 1888, Abraham Valdelomar fue un notable escritor, poeta e ilustrador de arte, cuya infancia tuvo una gran influencia en sus trabajos. Publicó sus primeros poemas en una revista a la edad de quince años, algo que hizo con asiduidad a lo largo de su vida junto con artículos, críticas y ensayos, fundando, así mismo, sus propias revistas. Además de por la creación literaria, sentía pasión por la política, contribuyendo al éxito de la carrera presidencial de Guillermo Billinghurst, con quien colaboró durante su mandato, así como con el presidente Agustín Gamarra.

En 1903 fundó la revista La Idea Guadalupana, junto con Manuel A. Bedoya. Poco después comenzó a aportar caricaturas y poemas a varias revistas y publicaciones periódicas ilustradas, abandonando sus estudios universitarios para dedicarse al periodismo, llegando a ser director artístico de Aplausos y Silbidos y corresponsal de la guerra entre Perú y Ecuador para El Diario. En 1911 le llegó la popularidad con dos novelas: La ciudad de los tísicos y La ciudad muerta, y al año siguiente fue nombrado director de El Peruano. Entre 1913 y 1914 fue nombrado Segundo Secretario de la Embajada de Perú en Roma. A su regreso, trabajó como columnista, bajo el seudónimo de Conde de Lemos, para La Presena y como secretario del historiador José de Riva-Agüero. En 1919 fue elegido representante de Ica para el Congreso Regional del Centro Peruano en Ayacucho.

Firmando sus trabajos con su nuevo sobrenombre, El Conde de Lemos, Abraham volvió de Europa convertido en un dandy que seguía la moda de la belle époque y la vida desenfrenada y exhibicionista de los “poetas malditos” franceses: afectación en sus gestos, consumidor de estupefacientes, con indumentaria extravagante y una arrogancia que no disimulaba su falsa modestia, sin embargo, era un excelente narrador y un gran poeta empapado del movimiento modernista y la fresca rebeldía de aquellos tiempos. Por eso no es de extrañar que de su boca saliera esta afirmación: “En un país de sumisos, el orgullo no es un defecto sino una virtud”.

El 1 de noviembre de 1919, sufrió un accidente durante una gira por Ayacucho, provincia de Huamanga, a consecuencia del cual moriría dos días después.

Corazón ponte en pie

¡Corazón, ponte en pie! Cierra tu herida.
Seca tu llanto, alegra tu mansión,
olvida tu dolor, tu pena olvida,
cubre de flores, tu sutil guarida
y hoy que la Primavera te convida,
¡Corazón, ponte en pie, cierra tu herida
toma el tricornio y canta, Corazón!

No invoques a la musa, hoy que te implora
tu propio dueño una sutil canción,
para cantar un cielo que se adora,
para decirle a un pueblo que se llora,
cuando llega esta hora
de la separación,
para triste decir
¡tú eres la única musa, Corazón!

Un artículo de Antonio Cruzans

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