Mona Van Duyn

Mona Jane Van Duyn nació el 9 de mayo de 1921 en la población de Waterloo, estado de Iowa, Estados Unidos. Cursó sus estudios en Iowa State Teachers College y, posteriormente, en la Universidad de Iowa, donde enseñaría, además de en otras instituciones, escritura creativa. Entre 1947 y 1967 coeditó, junto con su marido Jarvis Thurston, la Perspective: A Quarterly of Literature and the Arts. Su primer volumen de poesía, Valentines to the Wide World, se publicó en 1959. Aunque no llegaría el reconocimiento hasta la publicación de To See, To Take (1970), recibiendo el Premio Bollingen (1970) y el Premio Nacional del Libro (1971). Sus otras obras incluyen: A Time of Bees (1964), Merciful Disguises (1973) y Near Changes (1990), por la que recibió el premio Pulitzer de poesía de 1991, Firefall y If It Be Not I: Collected Poems 1959-1982 se publicaron en 1993. De 1992 a 1993, Van Duyn ocupó el cargo de poeta laureado consultor en poesía de los Estados Unidos, la primera mujer en ocupar este puesto.Van Duyn utilizó el humor irónico, la perspicacia, la ironía y la habilidad técnica para posibilitar la comprensión de un mundo despiadado, y encontró en el amor y en el arte la posibilidad de la redención. La obra de Van Duyn está llena de referencias literarias y el uso del verso formal rimado la distingue de muchos de sus contemporáneos. Mona falleció el 2 de diciembre de 2004 en Missouri.

Seguidamente pueden leer su poema “Deberes escolares”, en una traducción de Cristina Gómez:

DEBERES ESCOLARES

No se agosten las pálidas mejillas
Antes de que un ojo guardián bañe su palidez,
arranco del mundo pedregoso alguna que no pida
aferrarse a una piedra, las llevo a casa otra vez,

casa transparente para bendecirlas. Asfixiando a las Elbertas,
si es que no a las Albertinas con la hirviente y abundante
dulzura de mi cariño, añado un poco de malicia, alguna escena
picaresca y revuelvo y cierro la tapa del jarro del amor acezante.

Allí se quedan congelados, allí pueden quedarse hasta
que, en el hambre por algo nuevo del corazón de jade,
del mundo caprichoso, queden consumidos. Pero, oh: basta,
lo sé, yo sé que, grande o humilde, son las artes

las que en su impotencia no pueden salvar sino un par de egos
con esos disfraces del tiempo y sus garras implacables,
y aun así, como un Proust transpirado estos duraznos en vinagre
guardo en el mueble de la despensa, aunque le pese al tiempo.

Un artículo de Antonio Cruzans

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