Garcilaso 1991, de Luis García Montero

Mi alma os ha cortado a su medida,
dice ahora el poema,
con palabras que fueron escritas en un tiempo
de amores cortesanos.
Y en esta habitación del siglo XX,
Muy a finales ya,
preparando la clase de mañana,
regresan las palabras sin rumor de caballos,
sin vestidos de corte,
sin palacios.
Junto a Bagdad herido por el fuego,
mi alma te ha cortado a su medida.

Todo cesa de pronto y te imagino 
en la ciudad, tu coche, tus vaqueros,
la ley de tus edades,
y tengo miedo de quererte en falso,
porque no sé vivir sino en la apuesta,
abrasado por llamas que arden sin quemarnos
y que son realidad,
aunque los ojos miran la distancia
en los televisores.

A través de los siglos,
saltando por encima de todas las catástrofes,
por encima de títulos y fechas,
las palabras retornan al mundo de los vivos,
preguntan por su casa.
Ya sé que no es eterna la poesía,
pero sabe cambiar junto a nosotros,
aparecer vestida con vaqueros,
apoyarse en el hombre que se inventa un amor
y que sufre de amor
cuando está solo.

En el corazón de la colección poética “Habitaciones separadas” de 1994, encontramos una joya titulada “Garcilaso 1991”, una creación de Luis García Montero. Este poema es un homenaje a la eternidad de la poesía, una afirmación de que, aunque los poetas puedan vestir vaqueros, la esencia de la poesía permanece inalterada.

La poesía no es un tesoro guardado bajo llave por el poeta, sino una semilla que él planta, que luego florece y se convierte en patrimonio de todos los lectores. Cada lector descubre en ella su propio universo, su propia interpretación.

Los sentimientos, esos regalos divinos, esa riqueza de la creación, son la herencia de la humanidad. Los poetas simplemente los toman prestados como fuente de inspiración. Entonces, ¿qué es lo que cambia en la poesía a lo largo de la historia? No son los sentimientos, sino el estilo, la forma, lo efímero que se convierte en tendencia y luego pasa de moda.

Pero la poesía, en su esencia, trasciende todo eso. La poesía existirá siempre, incluso cuando los poetas hayan dejado de existir. Porque la poesía es eterna, al igual que los sentimientos que evoca.

Nacido en Granada en 1958, Luis García Montero es un poeta de renombre y un respetado Catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada. Su pluma ha dado vida a más de veinticinco poemarios y varios ensayos reflexivos. Su obra “El jardín extranjero” le valió el Premio Adonáis en 1982, mientras que “Habitaciones separadas” le hizo ganar el Premio Nacional de Literatura en 1994. En 2003, su poema “La intimidad de la serpiente” fue galardonado con el Premio Nacional de la Crítica.

La poesía de Montero es un espejo de la vida cotidiana, un lugar donde se entrelazan la subjetividad y las preocupaciones colectivas, la introspección emocional y los desafíos del presente, la delicada danza de los sueños y el susurro de la lluvia en las aceras. Su ciudad, dibujada con pinceladas realistas y tonos creíbles, se convierte en el escenario de una narrativa que refleja las vidas de las personas comunes, aquellos que buscan en sus versos un eco de sus propias experiencias.

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