Afanasi Fet

Afanasi Fet, también conocido como Foeth y cuyo verdadero nombre respondía a Afanasy Afanasyevich Shenshin, fue un poeta ruso nacido el 5 de diciembre de 1820 en Novosyolki, Rusia, falleciendo el 3 de diciembre de 1892 en Moscú. Hijo ilegítimo de un terrateniente llamado Shenshin, cuyo nombre asumió por ley cincuenta y seis años después de su nacimiento y de una mujer alemana llamada Foeth.

Partidario de la estética idealista, “ars gratia artis”, sus primeros poemas líricos aparecieron en la revista literaria Moskvityanin, mientras estudiaba en la Universidad de Moscú en 1842, y ocho años más tarde editaría su primer poemario. Tras sus años en el ejército, del que se retiró con el grado de capitán, se instaló junto con su esposa María Petrovna Bólkina, hermana del escritor y crítico ruso Vasili Bolkin, en una finca de Stepanovka, donde le visitaban sus amigos Ivan Turgenev y León Tolstoi.

Con su estilo intenso y breve, pretendía transmitir vivencias y sensaciones momentáneas, algo que tendría una influencia muy importante en los poetas simbolistas posteriores, sin embargo, no era un hombre de personalidad atractiva y recibía constantes críticas por sus opiniones políticas de tendencia reaccionaria.

En sus últimos años se inclinó hacia una poesía más descriptiva, sobre la naturaleza y el amor, así como a traducir obras de los clásicos: Ovidio, Virgilio, y otros autores más cercanos en el tiempo: Goethe o Schopenhauer.

Seguidamente os ofrecemos uno de sus poemas escrito en 1844: “Cuando, tras la frontera de los días vividos”, que da inicio a la selección bilingüe realizada y traducida por Joaquín Torquemada, “A.Fet”:

Cuando tras la frontera de los días vividos, 
te vuelva yo a soñar entre niebla perdida, 
de gozo lloraré, como el primer judío 
al linde de la tierra prometida.

Juegos, sueños de infancia que ya no dan dolor, 
que tú hiciste a la vez tan dulces y cruentos 
al darme cuenta yo de mi primer amor 
por unos agitados sentimientos, 

y el brillo de tus ojos, y el calor de tus manos, 
con risas y suspiros sonado en armonía, 
palabras sin sentir y algunos dichos vanos, 
como esos de pasiones encendidas.

Un artículo de Antonio Cruzans

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