María Aurelia Capmany i Farnés

Esta mujer catalana, nacida en Barcelona el 3 de agosto de 1918, fue una luchadora por las libertades durante la dictadura franquista además de una feminista convencida y activista cultural. Su obra, escrita en catalán, se extiende por los géneros de la novela, la poesía, el teatro, la traducción y el ensayo.

Hija y nieta de intelectuales, su padre era el folklorista Aureli Capmany y su abuelo Sebastià Farnés, se licenció en Filosofía por la Universidad de Barcelona. Militante del Partido Socialista de Catalunya, participó en el “Miting de la Llibertat, el 22 de junio de 1976, ostentando el cargo de Regidora de Cultura y Ediciones, durante varios años, en el Ayuntamiento de Barcelona y miembro de la Diputació de Barcelona hasta su muerte, acaecida el 2 de octubre de 1991.

Entre su producción narrativa, tanto en el ámbito de la novela como del relato breve, destacan los títulos: Necessitem morir (1952), aunque ya fue finalista del premio Joanot Martorell cinco años antes, premio que ganó al siguiente año con El cel no és transparent, poco después le llegaría el éxito con novelas como Betúlia, El gust de la pols o Un lloc entre els morts, Premio Sant Jordi de 1968. En la literatura infantil consiguió el Premio Crítica Serra d’Or por El malefici de la reina d’Hongria.

Ejerció de profesora en la Escuela de Arte Dramático Adrià Gual, de la que fue cofundadora junto a Ricard Salvat y en la que también desempeñó los trabajos de directora y actriz y donde estrenó alguna de sus propias obras.

Su preocupación por la situación social de la mujer le llevó a escribir algunos ensayos sobre este tema, así como sobre Catalunya y algunas memorias. Sin embargo, su actividad literaria no acaba aquí, sino que tenemos que añadir una gran cantidad de guiones cinematográficos, poemas, algunos de ellos llevados a la canción de la mano de Marina Rossell, e incluso un cómic.

A su actividad como traductora se le deben trabajos de Italo Calvino, Elio Vittori, Vasco Pratolini, Marguerite Duras o Carlo Cassola, entre otros. A todo esto, hay que añadir su aportación como editora al dirigir la colección J.M.

Para concluir, ilustremos este comentario con uno de sus poemas musicado por Marina Russell, el que lleva por título, Sóc una dona:

Sóc una dona, ja ho veus, una dona.
Sóc una dona i no hi vull fer res.
Sóc una dona, res més que una dona:
no seré mai un carrabiner.

Sóc una dona, ben ferma i rodona.
Sóc una dona, ja ho deus haver clissat.
Sóc una dona i això és cosa bona:
no seré un barbut magistrat.

Sóc una dona amb dos pits i una poma.
Sóc una dona amb l'hormona que cal.
Sóc una dona i això ja no és broma:
no seré mai capità general

Sóc una dona i n'estic ben contenta.
Sóc una dona i no hi trobo entrebanc.
Sóc una dona i això ja m'orienta:
no seré mai director d'un banc.

Sóc una dona i amb bona harmonia,
sóc la mestressa del meu propi cos.
No seré bisbe ni tampoc policia,
cosa que em posa de molt bon humor.
Soy una mujer, ya lo ves, una mujer. 
Soy una mujer y no quiero hacer nada. 
Soy una mujer, nada más que una mujer:
no seré nunca un carabinero.

Soy una mujer, muy firme y redonda. 
Soy una mujer, ya lo debe haber clisado.
 Soy una mujer y eso es cosa buena:
no seré un barbudo magistrado.

Soy una mujer con dos pechos y una manzana. 
Soy una mujer con la hormona que hace falta. 
Soy una mujer y eso ya no es broma:
no seré nunca capitán general

Soy una mujer y estoy bien contenta. 
Soy una mujer y no encuentro obstáculo. 
Soy una mujer y eso ya me orienta:
no seré nunca director de un banco.

Soy una mujer y con buena armonía, 
soy la maestra de mi propio cuerpo. 
No seré obispo ni tampoco policía, 
cosa que me pone de muy buen humor.

Un artículo de Antonio Cruzans

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