No estoy junto a ti.

No estoy junto a ti, pero estoy, no te puedo ver, pero te presiento, no me oyes, pero te intuyo, no temo a las tinieblas, pues la luz de tu alma es tan fuerte, que las ha disipado.

Contemplar

Contemplar
cómo las olas cruzan la frontera
entre el mar y la playa,
para acariciar la orilla
y revolotear por la arena,
son bellos momentos.

Son bellos momentos,
ahora,
en este instante que escribo
para transmitir momentos
que la vida nos depara…
sabemos que hay un tiempo,
pero no cuándo será su final;
lo mejor es vivir lo que nos depare todavía,
todos los bellos momentos
que nos dé ese tiempo que nos queda.

El rato que he redactado esto
han sido bellos momentos.

Mira si Dios

Mira si Dios tiene recursos, que nos ha dado el tiempo para caminar por la vida hasta el final de nuestro destino.

Mira si Dios tiene recursos, que nos ha dado el mar para que aprendamos del continuo idilio, entre las olas y la orilla de la playa.

Mira si Dios tiene recursos, que nos ha dado un alma para amar y un corazón para perdonar.

Mira si Dios tiene recursos, que nos ha enseñado a elegir caminos y veredas, por donde llegar a nuestros sentimientos y desvanecer nuestras quimeras.

Mira si Dios tiene recursos, que nos ha regalado la oración para acercarnos cada instante de nuestra existencia a su espíritu.

Mira si Dios tiene recursos, que nos ha puesto la noche y el día, la noche para guardar nuestros sueños y el día para hacerlos realidad.

Mira si Dios tiene recursos, que nos ha cultivado en nuestro interior la simiente de la amistad, y recoger al final todos sus frutos.

Mira si Dios tiene recursos, que ha llenado nuestro corazón de sentimientos para compartirlos, así como los sentidos para percibir cada segundo vivido.

Mira si Dios tiene recursos, que me ha dejado un instante en el que escribir para ti esto… Y es que Dios tiene aún muchos más recursos.

Amén.

No estoy junto a ti

No estoy junto a ti, pero estoy, no te puedo ver, pero te presiento, no me oyes, pero te intuyo, no temo a las tinieblas, pues la luz de tu alma es tan fuerte, que las ha disipado. Tus sentimientos me alimentan y mis recuerdos se cruzan con los tuyos… no he dejado de quererte, y tu amor es tan fuerte como roca de arrecife, a la vez que dulce como una armonía celeste, tu mirada no ha perdido su brillo y firmeza. Has desafiado a la vida, al destino y a la sinrazón de lo que aconteció, pero nunca has buscado culpables… asumiste y acataste. Por eso no temo a las tinieblas, porque la luz de tu alma es tan fuerte, que las ha disipado. Acudo siempre a la asamblea de los sueños, para recoger cada noche los tuyos y colgarlos en el arcoíris de lo eterno sin fin, y retornen a ti en la realidad para que de nuevo vuelvas a soñar… no flaquees, no te rindas nunca. Has aprendido tanto, que ya eres espíritu, ya eres armonía… ya eres luz.

Por las andaduras de la noche

Por las andaduras de la noche me he dejado llevar, como aquel que se deja mecer por las olas del mar; no sé a dónde me van a llevar, ni siquiera a dónde irán a parar, entonces me di cuenta de la belleza inmensa del universo estrellado, allí, en lo alto, se puede contemplar el pasado, el presente y el futuro.

Y vi cómo ese inmenso tapiz celeste se reflejaba sobre el mar.

Era como estar entre dos universos, era como hacer realidad, la máxima alquimista: “Lo que está arriba es igual a lo que está abajo”.

Somos lo que seremos

Somos lo que seremos,
seremos lo que fuimos
y fuimos lo que somos,
pues formamos parte del círculo
de la propia ley del infinito,
así hasta el principio y fin,
hasta la eternidad…
Pero somos lo que seremos,
seremos lo que fuimos
y fuimos lo que somos.
Tus palabras

Tus palabras surcaron el éter en la mañana
como haces de luz propia,
como ráfagas de viento
que sale del alma, con fuerza y esperanza.
Lo ves porque te quiero,
lo ves porque mirarte me complace
y porque oírte quiero.
Me dijiste: “Dios despierta a los dormidos…”
y en verdad es cómo tú lo dices.
Tus palabras surcaron en éter en la mañana
y enseguida lo entendí,
siempre lo supe,
desde niño intuía que tú ya existías,
sabía que las personas muy buenas de corazón,
con alma de rubí,
son portadoras del amor puro
y de la luz de los buenos sentimientos.
Tus palabras surcaron el éter de la mañana
como haces de luz propia,
como ráfagas de viento,
que salen del alma.
Y Dios me despertó,
pues yo estaba dormido.
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