Ramón López Velarde

El 19 de junio de 1921, muere en la Ciudad de México, el poeta “nacional” mexicano por excelencia. Nacido en la localidad de Jerez, estado de Zacatecas, en 1888, realizó sus primeros estudios en los seminarios de Zacatecas y Aguascalientes, matriculándose, posteriormente, en la Universidad de San Luis de Potosí, donde cursó la carrera de leyes. En 1911 se presentó a las elecciones para el congreso por su ciudad natal dentro del Partido Católico. En 1914 marchó a Ciudad de México, donde trabajó durante un tiempo de abogado, más tarde como funcionario de Gobernación y Relaciones Exteriores y, finalmente, como profesor de literatura. Publicó sus crónicas políticas en varios periódicos: El Regional de Guadalajara (1909), La Nación (1912), El Eco de San Luis (1913), El Nacional Bisemanal (1915-1916), Revista de Revistas (1915-1917), Vida Moderna (1916) y Pegaso (1917). Su primer libro de poesía, La sangre devota, apareció en 1916, y en él ya están patentes los temas recurrentes de toda su obra: el amor, el dolor y la preocupación por el destino de la patria. En 1919, apareció Zozobra, su segunda obra poética, en la que aborda dramática y sinceramente los problemas del erotismo, la religión y la muerte. En 1921, al celebrarse el primer centenario de la Independencia, escribió Suave patria, en cuyos versos épicos y líricos exalta los sentimientos nacionalistas. Su estilo posmodernista destaca por su lírica con arraigo en lo tradicional. También escribió narrativa con cierto éxito.

Leamos seguidamente un soneto de Ramón López Velarde titulado:

A LA TRAICIÓN DE UNA HERMOSA:

Tú que prendiste ayer los aurorales
fulgores del amor en mi ventana;
tú, bella infiel, adoración lejana,
madona de eucologios y misales;

tú, que ostentas reflejos siderales
en el pecho enjoyado, grave hermana,
y en tus ojos, con lumbre sobrehumana,
brillan las tres virtudes teologales:

no pienses que tal vez te guardo encono
por tus nupcias de hoy. Que te bendiga
mi señor Jesucristo. Yo perdono

tu flaqueza, y esclavo de tu hechizo,
de tu primer hijuelo, dulce amiga,
celebraré en mis versos el bautizo.

Un artículo de Antonio Cruzans

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