Walt Whitman

El poeta y periodista Walt Whitman, nacido el 31 de mayo de 1819 en West Hills, Nueva York, es considerado como uno de los autores más influyentes de los Estados Unidos, tanto por sus pretensiones de trascender las épicas tradicionales y evitar la estética normal, como por reflejar en sus poemas las libertades potenciales que se encontraban en su tierra y, sobre todo, con una obra, Hojas de hierba, libro cuya primera edición fue autoeditada en 1855 y que ha llegado a ser un hito de la literatura norteamericana, aunque en el momento de su publicación se fuera considerado bastante controvertido.

Whitman era el segundo de los ocho hijos sobrevivientes de Louisa Van Velsor y Walter Whitman, una familia con medios modestos, aunque antes habían sido poseedores de varias tierras, las cuales se vieron obligados a vender antes de su nacimiento.

El amor de Whitman por América y su democracia surgía, en gran parte, de la admiración que sus padres siempre tuvieron por su país, como así lo demuestra el hecho de poner a algunos de sus hijos los nombres de los personajes más representativos de la historia de Norteamérica: George Washington Whitman, Thomas Jefferson Whitman y Andrew Jackson Whitman.

A los 11 años, Walt Whitman se vio obligado a dejar la escuela para ayudar a los ingresos familiares, comenzando a trabajar como empleado de oficina para un equipo de abogados con sede en Brooklyn y, seguidamente, como empleado en el negocio de la impresión.

Con 17 años, se dedicó a la enseñanza, trabajando como educador durante cinco años en varias partes de Long Island, trabajo que Whitman detestaba, por lo que en 1841 se dedicó al periodismo, iniciando sus pasos en un semanario llamado Long Islander, regresando posteriormente a Nueva York, donde se convirtió en editor del Brooklyn Daily Eagle, un periódico prominente, desempeñando ese cargo durante casi dos años. Como periodista Whitman era volátil, con una pluma afilada y un conjunto de opiniones que no siempre se alineaban con sus jefes ni sus lectores, respaldando, con frecuencia, posiciones radicales para su tiempo sobre los derechos de propiedad de las mujeres, la inmigración y los asuntos laborales. Arremetió contra el afecto que algunos de sus colegas neoyorquinos sentían hacia ciertas costumbres europeas y no tuvo miedo de criticar a los editores de otros periódicos, por lo que no era sorprendente que sus puestos de trabajo fueran breves con cierta frecuencia y se ganara una mala reputación en el mundillo periodístico.

En 1848, Whitman se fue a Nueva Orleans, donde se convirtió en editor de Crescent, algo que solo le duró tres meses, pero allí fue donde vio por primera vez la maldad de la esclavitud. Whitman regresó a Brooklyn en el otoño de 1848 y comenzó un nuevo periódico llamado Brooklyn Freeman que, a pesar de los desafíos iniciales, se mantuvo lo largo de varios años y en el que, a medida que la temperatura de la nación sobre la cuestión de la esclavitud seguía aumentando, la propia ira de Whitman sobre el tema se hacía más patente, pues le preocupaba el impacto de la esclavitud en el futuro del país y su democracia, y fue durante este tiempo cuando fue anotando en un pequeño cuaderno sus observaciones que, posteriormente, darían forma a su obra poética pionera.

En la primavera de 1855, Whitman, ya con un estilo propio y la voz que había estado buscando, publicó una colección de 12 poemas sin nombre con un prefacio titulado Hojas de hierba. Los ahorros de Whitman eran escasos y solo pudo imprimir 795 ejemplares, sin embargo, las Hojas de hierba marcaron un alejamiento radical de las normas poéticas establecidas, descartando la tradición en favor de una voz que llegaba directamente al lector, en primera persona, en líneas que no dependían de un metro rígido y, en cambio, mostrando una apertura para jugar con la forma mientras se aproximaban a la prosa. En la portada del libro plasmó una imagen que posteriormente llagaría a ser icónica: su propio rostro con barba. Pero Hojas de hierba tuvo poco éxito de ventas al principio, aunque llamó la atención de su amigo, el poeta Ralph Waldo Emerson, quien escribió a Whitman para elogiar la colección como «la pieza más extraordinaria de ingenio y sabiduría» proveniente de una pluma estadounidense.

Al año siguiente, Whitman publicó una edición revisada de Hojas de hierba que presentaba 32 poemas, incluida una nueva pieza, «Sun-Down Poem» (que luego se llamaría «Crossing Brooklyn Ferry»), así como la carta de Emerson a Whitman. En esta ocasión ya no pasó desapercibido y los escritores Henry David Thoreau y Bronson Alcott se aventuraron hasta Brooklyn para conocer a Whitman, quien vivía en el ático de la casa familiar.

Pero el éxito comercial no llegaba y la tercera edición, publicada por una editorial de Boston, revisada de nuevo y en la que aparecía la sensual agrupación de poemas «Los niños de Adán», que exploraba el erotismo femenino-masculino, y la serie «Calamus», que indagaba la intimidad entre los hombres. Sin embargo, el inicio de la Guerra Civil llevó a la editorial a abandonar el negocio, lo que acrecentó las dificultades financieras de Whitman, y más cuando una copia pirata de su libro llegó a estar disponible durante algún tiempo.

En 1862, Whitman viajó a Fredericksburg para buscar a su hermano George, quien luchó por la Unión y resultó herido. Posteriormente se mudó a Washington, DC., donde encontró trabajo a tiempo parcial en una oficina y de voluntario como enfermero visitando a soldados heridos, algo que le cambiaría la vida, tanto por el agotamiento físico, como por el impacto emocional, aunque esta experiencia le impulsó a volver a la poesía, publicando en 1865 una nueva colección llamada Drum-Taps, que representaba una realización más solemne de lo que la Guerra significaba para aquellos que la llegaron a sufrir. En una segunda edición de la misma, que se publicó el mismo año con 18 nuevos poemas, incluía una elegía sobre el presidente Abraham Lincoln, «When Lilacs Last in the Dooryard Bloom’d».

Tras la guerra, Whitman conoció a Peter Doyle, un joven soldado confederado, con quien tuvo una intensa relación sentimental, justo en una época en que la homosexualidad no estaba bien vista. Doyle estuvo a su lado durante su crisis de salud acaecida en la década de 1860, pero poco más tarde le abandonaría, aunque siempre continuaron teniendo una buena amistad. Durante ese periodo, Whitman encontró trabajo como empleado en la Oficina India del Departamento del Interior y en 1870 publicó Democratic Vistas y la quinta edición de Leaves of Grass.

En 1873 sufrió un derrame cerebral que le dejó una parálisis parcial. Marchó a Camden, a la muerte de su madre, para vivir con su hermano George, donde continuó trabajando en Leaves of Grass, sacando una nueva edición en 1882, la cual fue censurada y secuestrada por el fiscal del distrito, lo que le dio una inesperada publicidad que se cristalizó en unas grandes ventas del libro, permitiéndole este hecho poderse comprar una modesta casa. Decepcionado del país surgido tras la guerra, Whitman se cobijó en su trabajo del que recibió tanto crueles críticas, sobre todo por parte de los intelectuales norteamericanos, como alabanzas, procedentes del extranjero en su mayoría. Al mismo tiempo, su salud se fue deteriorando, falleciendo el 26 de marzo de 1892 en Camden.

A pesar de las críticas sobre su trabajo en su época, actualmente Whitman es considerado uno de los poetas más innovadores de los Estados Unidos y ha inspirado a una gran cantidad de poetas posteriores.

El poema que os mostramos se hizo mundialmente conocido gracias a la película de 1989, «El Club de los Poetas Muertos», dirigida por Peter Weir y protagonizada por Robin Williams:

¡Capitán! ¡Mi capitán!

¡Capitán! ¡Mi capitán! Nuestro terrible viaje ha acabado, el barco ha salvado todos los escollos, hemos ganado el premio que ambicionábamos,
el puerto está cerca, oigo las campanas, la gente jubilosa, mientras los ojos siguen la firme quilla, el navío indoblegable y osado;
	pero ¡corazón, corazón, corazón!
		Las gotas rojas sangrantes,
			donde yace mi capitán en la cubierta,
				frío y muerto.

¡Capitán! ¡Mi capitán! Levantaos y escuchad las campanas; levantaos, por vos ondea la bandera, por vos suena el clarín, por vos ramos y guirnaldas adornadas, por vos la gente se agolpa en la orilla,
a vos os llama, la masa que se mece, a vos vuelve sus rostros ansiosos;
	¡Aquí capitán! ¡Querido padre!
		¡Este brazo bajo tu cabeza!
			Es un sueño lo que hay en la cubierta,
				has caído frío y muerto.

Mi capitán no responde, tiene los labios pálidos e inmóviles, mi padre no me siente el brazo, no tiene pulso ni voluntad, el barco ha anclado sano y salvo, el viaje terminado y hecho, de un terrible viaje el barco victorioso llega con su trofeo;
	¡Exultad playas, tocad campanas!
		Pero yo con pasos de luto
			recorro la cubierta donde yace mi capitán,
				frío y muerto.  

Un artículo de Antonio Cruzans

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