Al alba, de Luis Eduardo Aute

La voz interior se convierte muchas veces en una fuente que mana y mana y que llega a presionar desde dentro con una fuerza que a veces es incontenible. Cuando eso ocurre, la semilla del diálogo interno se convierte en arte y da el fruto de una obra… Este es el caso de una canción que mucha gente creyó de amor, e incluso algo dulzona, pero que es un grito de angustia y de reproche contra la pena de muerte.

El final del franquismo fue una época en la que los cantautores se dedicaban a la canción protesta reivindicando el derecho a la libertad de los españoles. Luis Eduardo Aute, nacido en Filipinas, pero madrileño de residencia, fue uno de los más activos en lengua castellana.

En la década de los 70, viendo cercana la muerte del dictador, se suceden movilizaciones por toda España: manifestaciones, huelgas, atentados… El 27 de septiembre de 1975, se ejecutan las últimas penas de muerte, de las decenas de miles que se firmaron durante los cuarenta años de la dictadura, en nuestro Estado: tres militantes del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota) y dos miembros del grupo terrorista vasco ETA. Ante estos hechos, Aute escribió esta canción, tal como nos dice en una entrevista concedida al periódico La Vanguardia:

Entrevista publicada el 4-11-00 en La Vanguardia (fragmento):


P: En septiembre de 1975 se ejecutan las últimas penas de muerte en España. Fusilan a cinco terroristas y usted compone una bella canción que titula "Al alba". 

R: Escribí "Al alba" los días previos a los fusilamientos y con mucha urgencia. Debe haber sido una de las canciones que más rápidamente me surgieron, pero quería que la gente la cantara. La verdad es que no tuve que pensar mucho, salió del dolor. 

P: Es un canto a la vida, pero enmascarado en una canción de amor. ¿Por qué la concibe de ese modo? 

R: Quería que pasara rápido la censura. Por eso la estructuré como una canción de amor, de despedida para siempre y como un alegato a la muerte. Pero hay dos elementos en la canción muy vinculados a las ejecuciones. Una vez pasó la censura, Rosa León la grabó.

P: Seguramente es una de las canciones más reclamadas por su público. ¿Por qué cree que se la piden?
 
R: Estas canciones que salen ya hechas, de la propia necesidad de escribirlas, calan más. Sí, probablemente es la que más he cantado.

P: Creo que enviaba a los censores muchas canciones que sabía ya que no serían aceptadas y así, por pena, aprobaban las que usted quería.

R: No creo que les inspirara ninguna pena. Pero sí fue una treta que utilizábamos muchos para que se salvaran algunas letras. 

Como él mismo indica en esta entrevista, fue Rosa León quien primero la grabó y la presentó en público. Cuando Aute decidió incluirla en su larga duración “Albanta” de 1978, “Al alba” ya era una canción muy conocida.

“Al alba” no debe interpretarse como una defensa del terrorismo y la violencia, sino todo lo contrario, pues Aute hace un alegato en contra de uno de los mayores errores, el de la pena de muerte, tras la cual ya no hay vuelta atrás y no hay reparación posible de la injusticia. Nadie es dueño de la vida de nadie…

Al alba
Luis Eduardo Aute

Si te dijera, amor mío,
que temo a la madrugada,
no sé qué estrellas son éstas
que hieren como amenazas
ni sé qué sangra la luna
al filo de su guadaña.

Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones,
amor mío, al alba,
al alba, al alba.

Los hijos que no tuvimos
se esconden en las cloacas,
comen las últimas flores,
parece que adivinaran
que el día que se avecina
viene con hambre atrasada.

Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones,
amor mío, al alba,
al alba, al alba.

Miles de buitres callados
van extendiendo sus alas,
no te destroza, amor mío,
esta silenciosa danza,
maldito baile de muertos,
pólvora de la mañana.

Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones,
amor mío, al alba,
al alba, al alba.

La censura provocó el efecto contrario del que pretendía y muchas obras que en un principio fueron alejadas del pueblo, llegaron a éste por otros medios o disimuladas por la imaginación de los creadores, y su difusión fue incluso mucho más amplia.

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