Bisiesto, de Antonio Cruzans

¿Es que para gozar de su belleza
hay que arrancar la flor?

Bisiesto es un año y un día, como las penas de prisión, pero con palabras que se buscan para crear poesía.

Surgió de un reto, como un juego, por ver si era capaz de escribir un pequeño poema cada fecha de las trescientas sesenta y seis que iban a conformar el año 2016… y lo llevé a cabo.

Cada uno de ellos, a las 23 horas del Meridiano 0º, publicaba unos versos en mis páginas personales de las redes sociales, unos con más éxito, otros con menos, algunos con ninguno… pero lo cumplí y mi reto duró exactamente eso: un año bisiesto.

Después pensé que podría crear un libro con todos ellos, pero claro, retocándolos, sumando, restando, borrando, añadiendo… es decir, que estos poemas que aquí os presento son como un Frankenstein traído a la vida con retazos de varios cuerpos caídos: una palabra de aquí, un sentido de allá, otra intención desenterrada o una metáfora cosida… ahora, eso sí, todos, absolutamente todos, tienen algo que ver con los originales primarios: ese “rayo que no cesa”, como lo definió Miguel Hernández.

No es trabajo de una red,
ni tarea de una araña,
ni presa del águila
que anida en nuestros pechos.
No, los sueños
no se atrapan…
 
No depende de la fe,
ni de juegos de palabras,
ni metáfora de vida
derramada entre las sábanas.
No, los sueños
siempre se escapan…

Además, decidí acompañarlos con varios dibujos, copias, algunos de fotos peregrinas que cayeron en mis manos, creación, otros, de mi cosecha propia, esa que se elabora en esos numerosos instantes donde la mente tiende a vagar, sin más, y los dedos, por no poder estarse quietos, se aferran a un lápiz y se dejan llevar por las sensaciones.

Cuando la escarcha
cubra de tus ojos
el velo engarzado de vida,
cuando la opaca claridad
dibuje sobre tu frente
perlados recuerdos corredizos
por las trincheras de tus mejillas,
cuando el sonido se agazape
tras los pálidos perfiles
de labios escuetos
y las palabras sean ruido
sin claro significante…
seré tu refugio,
tu espejo,
tu eco,
tu abrigo …

Tanto los poemas como los dibujos no siguen ninguna línea temática ni patrón de contenido, son simplemente como flases del momento, así, puede aparecer la alegría en una página y la melancolía a la siguiente, un canto de juventud junto a una oda al paso del tiempo, porque la vida es así: un ratito bien y otro mal.

Lo dicen sus ojos…
el amor se adormece en sus brazos
acunado por sus latidos,
latidos de madre.
Plenitud.
Y ahora sí,
ahora importa que el mundo siga girando,
pues ya todo tiene sentido.
Y no quiere dormir…
siempre alerta…
un suspiro,
una tos,
un gemido…
con la música del corazón,
latidos de madre…
latidos.
Desprendimiento.
Todo lo da,
todo lo entrega,
incluso su luz,
sólo el calor importa…
     latidos de hijo…
          latidos de madre…
               latidos.

Pues nada más, simplemente repetiros lo que siempre digo cuando acabo algún libro: “Yo comienzo el trabajo, pero sois vosotros, los lectores, quienes tenéis que concluirlo.”

En el silencio está todo:
lo que fuimos,
lo que somos…
y los pasos que hacen cola;
el silencio todo lo guarda,
lo acumula,
lo atesora…
y a todo responde
si se sabe escuchar;
cada respuesta está en la pregunta,
cada final en su principio,
cada destino en el camino,
cada vida en el ahora.
En el silencio
todo toma forma.
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