Presencias. Antología pretérita, de Antonio Cruzans

Presentación de Rigoberto Cardells

“Nací cuando las plantas nacen,
En el mes de la flores nací,
En una alborada suavísima,
En una alborada de abril”

Recordé este comienzo de los Cantares Gallegos de Rosalía al leer la presentación que de ti mismo haces en la solapa de tu libro. Si es Marzo en tu caso, felicidades entonces. Me encanta esta coincidencia, y también que fuera probable que esta gran poetisa gallega hubiera influido en tu obra, ¿y en quién no?, cabría preguntarnos. Hasta es posible que te identificaras con ella, y con su sufrimiento.

Hablando de gallegas. Una galleguiña, Ingrid se llamaba, me escribió cierto día: “Cuando recibí vuestra carta, me CONTENTÉ mucho”. Percibí algo de musical y también de arcaico en su forma de expresarse, y me hizo mucha gracia. Cuando recibí tu encargo, Antonio, para presentar este libro, Presencias, me contenté mucho, pero al mismo tiempo me asusté un poco, si bien pasadas unas horas fui tranquilizándome pensando en que tú, a continuación, arreglarías el desaguisado que pudiera hacerte, de modo que, únicamente, debía procurar que éste no fuera muy grande.

Pienso que una presentación de tu persona y de tus méritos, está fuera de lugar en un marco como éste, donde, precisamente, tú eres el más conocido de entre los presentes. Únicamente, para los más jóvenes, aquellos que no fueron a comprarte lápices, libretas o chuches a tu quiosco, recordar al menos cómo te conocí, sentado, en tu silla CON ruedas, tras el mostrador, en un marco de tebeos, libros, botes de golosinas, juguetes, y rodeado siempre de niños, bajo la mirada amorosa, y orgullosa, de tu madre: Gloria.

Decir que en los ochenta te matriculaste en la UNED, la Universidad a Distancia, para estudiar Filología Hispánica, para los más mayores, Lengua y Literatura Española, algo que tú ya habías “descubierto”, al igual Rosalía, pues de imaginación (y de necesidad) andabas sobrado. Pero ansiabas saber qué habían hecho los demás escritores ya consagrados. Es decir, conocer la técnica, pues casi todo está inventado, sí, también está en los libros, pero siempre hay alguien que sabe más que uno mismo, y aunque tenías tiempo, pues las saetas de tu reloj andaban despacio, no querías para nada perderlo.

Si bien tuviste que cerrar el quiosco para poder estudiar, seguiste dando clase, en casa, a estudiantes. De esta forma ayudabas a costearte los estudios, y, en los momentos perdidos, alfombrabas tu habitación de papeles llenos de palabras escritas, pues escribir fue siempre tu mayor necesidad.

Hoy llevas más de una decena de libros publicados (El pez en la pecera, Cuatro comedias cortas, Desde mi ventana, Bisiesto, Como pompas de jabón, De versos y sombras, este mismo que nos ocupa, etc.), prosa, teatro, pero sobre todo poesía. Eres un trabajador infatigable, un HIPERACTIVO más, por otra parte amante y conocedor a fondo de tu pueblo, de su historia, y también de nosotros, tus vecinos y amigos, que a menudo acudimos a ti buscando el apoyo y consejo del especialista, pues hoy eres el Escritor de Castellnovo.

A la vez que me hiciste este honor, Antonio, me entregaste, Presencias, y no habían pasado cuarenta y ocho horas me preguntabas si ya lo había leído. “¡Qué me dices! No”, contesté. Pero lejos de mí la falta de interés. Lo estaba leyendo, sí, pero poco a poco, tratando de descubrir qué nos quieres decir en cada verso, en cada estrofa y en cada poema. También en el libro en su conjunto. Con esto no quiero desanimar a nadie pues, aparte que reconozco no tener grandes dotes para la poesía, sé que no debo preocuparme, ya que esto es general “para la mayoría de los humanos”. Tú mismo lo dices.

Su lectura ha sido un placer, y además el libro insta a pensar, a reflexionar sobre tantos aspectos importantes de la vida que en él aparecen. Por tanto, tampoco es bueno leerlo de un tirón, tragártelo. Se puede pausar y reanudar su lectura por la página en que lo dejaste o incluso por otra cualquiera. No importa, se trata de saborear sus versos, acariciando las palabras que los componen. Tú mismo recomiendas que los poemas, más que leerlos, hay que sentirlos, y los comparas con la música. Bueno, eso a mí me tranquiliza.

Barrunto que entre sus líneas se esconde lo más importante de tí, que, pudoroso, lo descubres de forma elegante y metafórica. Es la manera de no sentir vergüenza”, dices. De paso, nos regalas en sus páginas versos que son frases lapidarias que sintetizan tu profunda experiencia de la vida, adquirida a… rodadas forzadas, desde la edad más tierna. Sí: sabemos que “Te cayó la lotería”.

Y quieres, con tu POESÍA, gritarnos que estás aquí, pero no a este auditorio, o a este tu pueblo: ¡A toda La Humanidad! Y esto de fracaso no tiene nada, sino que es una gran pretensión. Es, desde la mirada hacia atrás, el ansia de inmortalidad que acompaña al hombre, el deseo de alcanzar la gloria.

Relatas tus vuelos por este mundo, desde la percepción de ti mismo, tus reflexiones, tus dudas, tus añoranzas, de “cuando eras feliz e indocumentado”, también de tus aterrizajes complicados, y tus sentimientos, y lo haces en esta Antología Pretérita, de la mejor manera, como solo un privilegiado puede hacerlo: con la Poesía.

Tu largo vuelo nos transporta de un “Quisiera ser…” a un “Hubo un tiempo que…”, de la Ansiedad a la Añoranza. De cuando lo querías todo, pues de joven uno se siente capaz de conseguirlo y va a pecho descubierto, como “Río de agua intrépida que fluye raudo por llegar”, asumiendo riesgos, con desengaños, y caídas de las que te levantas una y otra vez, solo con el apoyo de tu gran fuerza interior, hasta que descubres que toda una trayectoria vital no es más que un sueño, una “flor de un día”. “Porque soñar es… recordar lo que nunca has tenido”. Lo dijo también Calderón.

Plasmas ese sueño de tu vida en un libro, “esperanza en cuna blanca”, lo defines, donde pretendes crear tu altar y abrirnos las puertas de tu casa. “Corriendo tras la verdad que se escapa”, reflexionas sobre el Amor, la Esperanza, el Tiempo, la Eternidad, el Ser, la Soledad, la Ausencia, el Desdén, el Vacío, la Tristeza, el Dolor, la Ruptura, la Derrota, la Nada, la Muerte… “Palabras, solo palabras…” o “razones para seguir la vida, estúpida voluntad de poeta”. Pues eres eso, por encima de todo, un POETA: en tu definición, “repetidor de palabras, armario ropero de ropas usadas, alcahuete de lo Escondido”.

Palabras con las que dibujas imágenes o construyes pentagramas. A mí me gustan las imágenes, la expresión pictórica. Como cuando dices que “cada minuto es un muro que nos aleja”, y así nos dibujas la Distancia, o cuando nos hablas de la Inconstancia del Amor, “caprichoso como el viento”. Amor, que se te escapa, pues “es como un niño caprichoso que nadie quieto lo aguanta”. O pintas el Llanto escribiendo: “Sólo el húmedo surco de la impotencia recorre las colinas de mi rostro”.

La imagen del Vacío, de la Nada, de la Oscuridad que vino tras el último suspiro, de la Muerte, la presentas como “Un silencio que nadie descubrir puede”. Nos muestras en cada una de las páginas de esta antología de tu vida, que es posible decir con unos pocos versos lo que requeriría de todo un ensayo. Son imágenes y también música. Porque la poesía, como dices, equivale a “componer o dibujar con palabras”. Y Nada existiría sin las palabras. La cosa se complica cuando te sale un cuadro abstracto. Entonces lo sentiré como notas de una melodía.

Expresas que vivimos alimentándonos de los Recuerdos y de los Sueños, como si temiéramos la realidad. En fin, que en la vida somos víctimas de Espejismos, o al menos que las cosas no son como parecen. Así entiendes este mundo.

Recuerdos y sueños necesarios, más, cuando ante el espejo, ¡te das tanta pena! Y te lamentas diciendo: “Nací para volar y a duras penas empujo las ruedas de mi existencia”. Me dejas impactado. Desde el principio te preguntabas el porqué de tanto dolor. Pero la verdad ¡Ay! “Siempre es la misma”. Te ves obligado a vivir de sueños y de amores inventados. Te hiciste maestro en ello y te curaste. Deseaste morir joven, “huir pronto de allí donde la gloria no perdura”, y al mismo tiempo sientes la brevedad de la vida que pasa rápida como el viento, soplando por la estrecha calle, a la que da tu ventana. “Creíamos que todo era eterno, pero olvidábamos que todo es morir”. Son otras de las múltiples notas que escribes en esta partitura de tu vida.

Pero amas y defiendes la vida cuando dices: “EN un pequeño rincón humilde de esta existencia el placer fragua destinos”, un retrato de la concepción de la vida preciso y hermoso, pues ya en ese momento no dudas de la existencia de otro ser humano con otro destino. Independiente. No hace falta extenderse más. Con una imagen sobra.

Y a los niños, que siempre te han rodeado, les llamas humanitos, no como Galeano, sino al contrario, “angelitos que al amor hacen grande”. Cabezas pequeñas y vacías, dices, que “en el colegio, el maestro siempre intenta llenar”. Los amas y suspiras: “Quiero ser niño para poder ser todo lo que deseo”. Para seguir soñando. Para seguir viviendo.

Y así las páginas de Presencias van respirando nostalgia: “Hubo un tiempo en que había mucho por hacer teniendo todo el tiempo del mundo”.

Ahora, “me reconozco en el amarillento pergamino que refleja insistente el espejo. ¡Estoy tan cansado…!”.

Sin embargo, “no hay que afligirse, pues la belleza subsiste en el recuerdo”. Menos mal que estáis los poetas. Y como tú muy bien dices: “Para seguir, lo mejor es que cada día nos enamoremos de alguien o de algo”.

“Presencias” son solo Palabras… Imágenes… Sueños… Tu vida.

Enhorabuena, Antonio.

Castellnovo a 24 de marzo del 2023

R. Cardells

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